1899, el año en el que Marte trató de comunicarse con la Tierra

El pasado 18 de febrero de 2021, a las 20:25 horas GMT, la sonda estadounidense Perseverance se posó en la superficie de Marte, tras una peligrosa maniobra de descenso conocida como «los siete minutos del terror». Swati Mohan, jefa de la misión en la NASA, confirmó que la sonda había tomado tierra con éxito. El Perseverance buscará en Marte señales de vida microbiana, y tomará muestras de rocas y sedimentos para su futuro envío a la Tierra.

Esto es la actualidad, pero la creencia de que en Marte hay vida viene de lejos. Lean si no este extenso e interesante artículo publicado en el Diario de Avisos de Las Palmas, el 13 de marzo de 1901, titulado: ¿Podrá establecerse comunicación con Marte?

«Un sabio astrónomo americano ha creído en estos días distinguir en el planeta Marte unos regueros de luces simétricamente dispuestos, que considera como signos luminosos destinados a invitarnos a entablar comunicación con aquellos habitantes.

Ya hace más de dos años que los periódicos y revistas norteamericanos nos están diciendo que sus astrónomos observan ciertas señales en Marte para dicho objeto; pero esta vez los sabios del Observatorio de París y de otros puntos se ocupan en el indicado fenómeno y se consumen grandes cantidades de tinta para poner en claro tan interesante cuestión. Nosotros daremos algunas explicaciones para orientar a nuestros lectores sobre si es posible comunicarnos con un mundo tan distante.

Si pudiéramos ver el planeta Marte con auxilio de los modernos telescopios, nos creeríamos transportados a una región de nuestra Tierra: porque nada falta en él de lo que vemos aquí que es necesario para la vida. Continentes, mares, islas, ríos, cabos, golfos, nubes, lluvias, inundaciones, nieves, estaciones, invierno y estío, primavera y otoño, noches y días, mañanas y tardes, zonas polares, templadas y tórridas, todo sucede en Marte como aquí en la Tierra.

Pues si vemos allí las mismas causas productoras de la vida, ¿por qué no han de producir iguales efectos? ¿Acaso la materia no es la misma en todo el universo? ¿No se formó Marte de la misma nebulosa que la Tierra? Pues el recto criterio nos obliga a deducir que si vemos habitantes en la Tierra, los ha de haber lógicamente, irremisiblemente, en Marte, porque reúne las mismas condiciones para la vida que vemos en nuestra morada.

Como que Marte es un mundo más antiguo que el nuestro, porque se desprendió muchísimo antes de la nebulosa solar, hemos de suponer que sus habitantes están mucho más adelantados que nosotros; porque la ciencia progresa con el tiempo. Habrá, pues, allí imprenta, habrá telescopios, habrá electricidad, etc., y otros adelantos que todavía nosotros no hemos alcanzado.

Supongamos que los martícolas, estando tan adelantados desean entablar relación con nosotros, que son una verdad las señales que nos hacen pero ¿cómo se establecerá la comunicación?

Nosotros distamos de Marte cuando se halla en su perigeo, unos 39 millones de kilómetros. Un telescopio de diez mil aumentos, por ejemplo el de París, nos hace ver el planeta como si estuviese a la distancia de 3.900 kilómetros. Si se nos presenta a simple vista con un tamaño, por ejemplo, de un centímetro de diámetro, este telescopio nos permitirá verlo como una esfera de 100 metros de diámetro. Marte tiene un diámetro real de 6.752 kilómetros; luego la proporción será de 67.000:1.

Los regueros, pues, que según dicen se ven en Marte, si tienen 67 kilómetros de largo, serán vistos desde la tierra con el telescopio como si tuviesen un metro de longitud, si nuestros cálculos no son equivocados.

Nosotros para contestar, deberíamos trazar durante las noches, con poderosos focos eléctricos unas líneas que tuviesen 67 kilómetros de largo para que pudiesen ser vistas desde Marte. Si una mañana los martícolas contestasen con un cuadro y nosotros correspondiésemos con otro cuadro; el otro día con un círculo o con un triángulo, ya no podría cabernos dudas de que allí hay seres inteligentes, ya tendríamos la comunicación establecida; porque por medio de signos, por medio de jeroglíficos llegaríamos a entendernos.

Una señora francesa de Paul que llevaba el ilustre nombre español de Guzmán legó a la Academia de Ciencias de París cien mil francos, para la persona, de cualquier nación que fuese, que hallase el medio de comunicarse recíprocamente con otro mundo. La Academia aceptó el legado; ¿quién sabe si llegará ahora adjudicarse?».


El presbítero M. A. Saurina, que firma el artículo, proponía responder a las señales luminosas del planeta rojo de la misma forma con una línea de focos de dimensiones imposibles.

En ese mismo año de 1901, en Estados Unidos, un científico llamado Nikola Tesla trabajaba en un método mucho más avanzado que consistía en un transmisor-receptor, llamado Teslascopio, con el que pronto pondría en comunicación la Tierra con Marte.

Tesla dijo: «Poseo ya instrumentos bastante delicados para recibir sus misivas. Pronto poseeré uno de bastante potencia para enviar la contestación. Solo falta que en el planeta Marte se hayan inventado instrumentos para recibir y encauzar las olas eléctricas que se le dirijan desde la Tierra».

Algunos colegas saltaron a la palestra diciendo que sus afirmaciones eran absolutamente irrealizables, y que sus ideas no eran más que el fruto de la imaginación de un visionario. En esto último tenían razón, en lo primero se equivocaron.

Más de un siglo después, un vehículo de la NASA avanza sobre la superficie marciana, toma una fotografía y en 11 minutos llega a la Tierra, que la recibe con asombro. Queda por descubrir si es verdad que no estamos solos.