El Bon Marché de Triana

Hoy recordamos uno de los comercios más legendarios de la capital: El Bon Marché.

Desde finales del siglo XIX y hasta mitad del XX existió en la calle Mayor de Triana un establecimiento de novedades llamado Bon Marché, fundado por un británico llamado Mr. Fred Lawson.

En sus inicios estuvo ubicado en el número 73, hasta que en 1924 se trasladó al 71 haciendo esquina con la calle Constantino. Mr. Lawson falleció en noviembre de 1902, y el negocio pasó a manos de su viuda, la señora Susana Lawson.

¿Qué vendían en Bon Marché? ¡De todo! 

Si usted había visto a los ingleses jugar al tenis en las canchas del Hotel Metropole y le apetecía iniciarse en ese sport, aquí podía comprar unas raquetas de la marca Dunlop. Luego podía darse un baño en la playa y hacer unos largos con un bañador de la marca Bukta. Y quien quisiera organizar alguna competición deportiva podía elegir el premio entre el amplio surtido de trofeos que exhibían en sus vitrinas.

Pero no solo vendían artículos deportivos. También estaban especializados en prendas para señora y caballero, con un amplio surtido en calcetería, camisería y corbatería. Todo traído del extranjero. Uno de los productos estrella eran los cuellos para caballeros. Una docena de ellos costaba seis pesetas. Además podía estrenar camisa desde siete pesetas y media, y a la hora de irse a la cama, nada mejor que hacerse con un cómodo pijama de la marca Metropole.

Después de un sueño reparador, una ducha y un buen afeitado con una maquinilla de la marca Allegro, niquelada o esmaltada, a su elección. Pero no se deje engañar por el tamaño del establecimiento, si le apetecía una buena excursión, nada mejor que un automóvil Humber, y para los más atrevidos, motocicletas Raleigh. Ambas marcas en venta en Bon Marché por catálogo y en cómodos plazos.

Y si lo suyo era la jardinería o la agricultura tenían semillas Sutton, para cultivar una amplia variedad de flores y hortalizas. También disponían de un gran surtido en artículos de plata y electro plata de la famosa marca Welbeck, así como todo tipo de figuras y polveras, y para los clientes interesados en la meteorología, barómetros. Los amantes del chocolate también tenían su lugar: Bombones finos Caley´s, importados de Norwich, Inglaterra. Todo a precios económicos, no en vano se llamaba Bon Marché, que en francés quiere decir ¡barato!

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