El café salado del vapor Sud América

A finales de 1888, los buzos logran recuperar 50 sacos de café de las bodegas del Sud América, que yace en nuestra bahía a 15 metros de profundidad. 

Al amanecer del 13 de septiembre de 1888, el trasatlántico italiano Sud América, de la compañía italiana La Veloce, proveniente de Buenos Aires, se hunde en la bahía de Las Palmas de Gran Canaria tras ser embestido por el buque La France, pereciendo en el accidente 79 pasajeros, quedando algunos de ellos atrapados en su interior. 

A finales de septiembre los buzos trabajan en la recuperación de cadáveres y de mercancías,  analizan los daños y estudian la viabilidad de reflotar el vapor. Mientras tanto, el mar va depositando en las playas los restos del naufragio. La esperanza de recuperar el Sud América se esfuma a principios de octubre, cuando se comprueba que el fuerte oleaje ha terminado de destrozarlo.

La mercancía extraída de las tripas del vapor será puesta en subasta pública. El remate se celebrará el 3 de diciembre. A finales de noviembre sale a la luz el listado de los efectos salvados y pronto llama la atención de las autoridades el lote n º 6, que consiste en cincuenta sacos de café que han permanecido sumergidos dos meses en el mar.

Rápidamente entra en acción un sargento de la Guardia Municipal, al que la Comisión de Abastos del Ayuntamiento encomienda la misión de recoger una muestra de dicho grano. El café es molido, preparado y servido muy caliente en unas bonitas tazas de porcelana a un par de médicos titulares. Basta un único sorbo para que los doctores, con el gesto regañado, coincidan en que el café en cuestión no está en condiciones de salir al mercado. 

En el informe que redactan alegan que el grano conserva una cantidad de sal común que le resta aroma y le da un sabor característico y que, aunque desde un punto de vista higiénico no es dañoso para la salud, aquel grano es cualquier cosa menos café.

La comisión tiene en consideración la opinión de los facultativos, y se amparan en el artículo 231 de las Ordenanzas Municipales, que prohíbe la mezcla de sustancias inertes que alteren la calidad o naturaleza de alimentos o bebidas, aun cuando no fueran nocivas para la salud.

El 3 de diciembre, a primera hora, un jinete galopa por la polvorienta carretera del puerto y se detiene en la puerta del almacén que guarda lo que ha podido salvarse del Sud América. Es el sargento, y lleva en el bolsillo una orden con el sello de la Alcaldía Constitucional de Las Palmas. El responsable de la subasta sale a su encuentro y lee con desagrado que el lote n º 6 debe ser retirado de la subasta. El café salado del Sud América jamás saldrá a la venta.

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