El Globo de Triana

Hoy viajamos atrás en el tiempo parar conocer el establecimiento El Globo.

A los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria de principios de mil novecientos debió llamarles mucho la atención el original rótulo que don Antonio Pérez Ramírez colocó como insignia de su establecimiento, llamado El Globo, y que se hallaba en la calle General Bravo (hoy Malteses), esquina con la del Cano.

Hoy podemos admirarlo gracias a esta fotografía tomada por don Francisco R. Ortega el 27 de noviembre de 1905, en la que retrató el cortejo fúnebre del capitán general de Canarias don Ignacio Pérez Galdós, hermano mayor de don Benito, y en cuyo encuadre captó en primer plano, y sin intención alguna, el singular reclamo.

El globo que adornaba la esquina del edificio incluía en horizontal el nombre de su propietario, y en vertical, en letras blancas, detallaba los productos que ofrecía, como trajes confeccionados, tejidos de algodón, artículos de punto, etc.

Pero no solo vendía telas y prendas. El Globo tenía a la venta sillas y camas de madera, y en el patio exponía un gran surtido de plantas: palmeras de todas clases, gardenias, kentías, azaleas, amelias, dracenas, rosales y begonias.

En 1906, un anuncio aparecido en la prensa avisaba a los comerciantes y particulares que El Globo ponía a la venta género por valor de setenta mil duros, con una rebaja del cuarenta por ciento por debajo de su costo, en una campaña que duraría treinta días.

Quien quisiera podía adquirir géneros de lana negros y de color, para señoras y caballeros, tela de Cheviot, y otros propios para luto. Todos garantizados contra perdida de color y a precios sin competencia. Disponía además de grandes existencias en todas clases de tejidos en hilo y algodón, así como seda para vestidos, raso en todas clases y colores, velos de seda negros y blancos, y encajes de máquina y de bolillo. 

Si buscabas blondas, cortinas, colchas, lienzo para sábanas, toallas… El Globo era el mejor sitio. También vendía pañuelos, corsets, camisas, sobretodos, pañoletas, mantas, camisillas, medias, calcetines y zapatos. Y si la lluvia te sorprendía en pleno Triana podías acercarte y comprar un espléndido paraguas.

Don Antonio, su propietario, viajaba una vez al año al extranjero, trayendo a su establecimiento las últimas novedades para señoras y caballeros de ciudades como París, Londres o Berlín. En algunos de sus anuncios insistía en que no dejaran de visitar su comercio, pues por ver no se pagaba nada.

“El globo se eleva” era el eslogan del establecimiento, y cuando hacía rebajas lo acompañaba de un mensaje que decía: “Gran oportunidad para viajar a mitad de precio”. Con una campaña de márquetin así, ¿quién podía resistirse a subir en tan encantador artefacto?

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