El sello de una antigua dama

Guardo en un cajón oculto de mi secreter el sello de una antigua dama. Es un objeto de escritorio precioso, con una contorneada empuñadura de madera unida a una pieza de metal que termina en un elaborado diseño al más puro estilo Art Nouveau. Motivos florales y vegetales con restos de tinta azul envuelven un nombre en letra cursiva: “D. Manrique de Lara de M.”. Dos aves rematan la escena. ¿A quién perteneció?

Antes de desvelar el misterio, acompáñeme a la calle Castillo, en Vegueta. Frente a la plaza del Espíritu Santo se levanta una mansión conocida como la casa Manrique de Lara, diseñada por Manuel Ponce de León a principios del siglo XIX. Ahora que estamos frente a dicha casa, viajemos en el tiempo a 1886. El 24 de junio de ese año vio la luz una señorita de nombre Dolores, hija de don Salvador Manrique de Lara y Manrique de Lara y de doña Otilia Eusebia Massieu y Falcón.

Dolores creció acompañada de seis hermanos: María del Pino, Salvador, Nicolás, María de los Reyes, Francisco y Magdalena. Su hermano Salvador fue alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, y fue el primer vicepresidente del Cabildo Insular de Gran Canaria. Entre 1909 y 1911 fue presidente del Gabinete Literario y diputado a Cortes por Fuerteventura. En mi archivo conservo una carta de su puño y letra. Pero centrémonos en la propietaria del sello. 

María Dolores Manrique de Lara y Massieu, conocida como Mariquita Manrique, vivió toda su vida en la casa familiar y nunca se casó. Quienes la trataron decían que siempre estaba dispuesta a regalar una sonrisa, y destacaba por su discreción, educación y amabilidad. Profundamente católica, acudía todos los días a la misa de las diez, en la Catedral, y era dada a la caridad y a las obras benéficas. Falleció en 1978, a los 91 años. En su esquela apareció, junto al de sus familiares, los nombres de los dos fieles servidores que la cuidaron durante buena parte de su vida: doña Jerónima y don Cosme. 

Dolores murió y su sello, en vez de ser destruido para evitar falsificaciones póstumas, cayó en el olvido. Hace unos años la casa fue puesta a la venta y la familia se deshizo de casi todo lo que contenía. El sello fue a parar al puesto de un mercadillo. El vendedor no lo tenía a la vista, lo guardaba en un bolsillo intuyendo que era algo importante y me lo ofreció. Ahora que lo tengo en mis manos me pregunto cuántas veces lo usó en su correspondencia personal. 

Conocedor de la historia del objeto, para rematar mi investigación faltaba ponerle rostro a su dueña. Busqué en la FEDAC y encontré una curiosa fotografía tomada en torno al año 1900. En ella aparece un grupo de personas junto a un enorme cañón, en el castillo de San Francisco. Según los datos que acompañan a la misma fotografía en el archivo fotográfico de El Museo Canario, una de las señoritas es Dolores Manrique de Lara Massieu, ¿pero cuál? Tal vez algún lector pueda ayudarme a identificarla.

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