Los lujosos almacenes de León y Compañía

¡Prepárese para viajar al pasado! Visitaremos uno de los mejores comercios de nuestra ciudad en los albores del siglo XX.

Imagine que hoy es un día cualquiera del año 1905, y que de repente, su pijama o ropa de calle transmuta en prendas de época, y abandona la comodidad de su hogar o su asiento en la guagua para cruzar conmigo el puente de Piedra. Ahora que su imaginación le ha traído hasta aquí, permítame que sea su cicerone y le recomiendo que no se separe de mí.

Nos dirigimos a la calle Muro para conocer un establecimiento de primera, el de los señores León y Compañía, frente a la plazuela de la Democracia. He oído que es uno de los mejores de Canarias. Ahí lo tiene, con esas enormes letras rotuladas en lo alto de su fachada. 

Como verá, muchos curiosos, ricos y pobres, se agolpan ante los vidrios de sus artísticos escaparates, ahora iluminados, ya que empieza a caer la noche. Y es que se han hecho muy famosos en la capital por el excelente gusto con el que están decorados. Acerquémonos a contemplarlos. 

¡Mire cuántas novedades! Algunas son del país y otras del extranjero. Hay esculturas, imágenes religiosas, cuadros, terracotas, jarrones, lámparas, juguetes, sedas y flores.

Pero no hemos hecho este viaje imaginario para quedarnos frente a los escaparates. Entremos. Por favor, usted primero. Como habrá comprobado, los andamios y vitrinas de este elegante salón de novedades están repletos de miles de objetos, muchos de ellos proceden de las mejores fábricas francesas y alemanas. Todos los dependientes están ocupados atendiendo a sus parroquianos.

Siempre que visito un antiguo comercio me gusta mirar los artículos de escritorio. Fíjese en las escribanías de bronce, los tinteros, y en esos cuadernos, ¡cuánto me gustaría poder llevarme uno!, pero no he traído dinero. Veo que le ha llamado la atención este expositor con relojes de bolsillo. A estos viajes siempre me traigo este Roskopf de plata, ¡no falla!

¿Se ha fijado en el techo? Menuda colección de lámparas y arañas para luces eléctricas. Están fabricadas por la importante casa Tapies y Llorens de Barcelona, y no hay salón que se preste en Vegueta o en Triana en el que no se vea una de éstas, ¡están de moda!

Por suerte el bazar está concurrido, y eso contribuye a que usted y yo pasemos desapercibidos. ¡Oh! veo que lleva un smartwatch, ¡rápido!, escóndalo bajo la manga de la camisa, así, con disimulo. Llamar la atención sería peligroso.

Sigamos mirando un poco más. La verdad es que tienen de todo, y de la máxima calidad: alfombras, pieles, muñecas, sombrillas, losa finísima de cristal, porcelana… Esos platos con pinturas y relieves son una maravilla.

No se pierda la sección de objetos de plata, en un cajón de mi escritorio guardo un tarjetero como ése, fabricado por un artesano de Birmingham en este mismo año de 1905. Sin duda este comercio no tiene nada que envidiar a los de cualquier ciudad Europa. 

Un dependiente se ha acercado y me ha regalado una postal. La utilizaré para ilustrar esta crónica. Ya es hora de regresar. Cuando crucemos el puente usted y yo volveremos al presente, cada uno a su lugar, y no, no puede quedarse con la ropa.

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