Tinta, lacre y almidón

Las Palmas. Una tarde cualquiera de 1864. 

En una casona de Vegueta, en el camino de San Roque, un escritor ejerce de alquimista. Se dispone a elaborar tinta y tiene todos los ingredientes dispuestos sobre la mesa. Para preparar la receta ha recogido en una olla vidriada cinco cuartillos de agua de lluvia, a la que añade seis onzas de agalla fina, tres de caparrosa, una de azúcar cande, una de goma arábiga y media de vitriolo de Chipre. Remueve con una espátula y añade unos clavillos de especia para que no se enmohezca. El líquido resultante va a parar a una vasija, y deberá reposar de diez a doce días antes de que pueda mojarse en él la pluma de ave.

No muy lejos, en otra casa de la calle Castillo, alguien se afana en elaborar lacre para sellar cartas siguiendo una antigua receta que aprendió en un viaje a Inglaterra. Para evitar los vapores malignos, abre la ventana. Ve pasar al galope a un oscuro jinete y lo mira con desconfianza. En la seguridad de su morada, en un recipiente al fuego, añade una libra de goma laca, media onza de menjuí, media de calafonia, y una entera de bermellón. Mientras la mezcla se derrite, derrama sobre la mesa aceite de almendras dulces. El mejunje ya se ha licuado, y lo vierte sobre la tabla de madera. Con destreza forma las barras antes de que se enfríen. Mañana ya podrá usar el lacre en su correspondencia.

En la orilla norte del Guiniguada, en la calle Peregrina, una criada prepara en la cocina una receta que le servirá para almidonar las camisas. Utiliza almidón de papas. A diferencia de otros, el de este tubérculo no deja manchas en la ropa. Para usarlo lo disuelve en agua fría y forma una especie de gelatina. Añade agua caliente y lo pasa por un tamiz muy fino. Para darle realce añade una disolución fuerte de alumbre blanco y ya está listo para ser aplicado. En el cuarto de costura tiene una hornilla con dos planchas calientes, una roma y otra de punta delgada para que entre bien en los pliegues. Cuando termine de planchar preparará la cena.

Las Palmas, una tarde cualquiera… de 1864.

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