La carpintería del maestro Talavera

Archivo de Fotografía Histórica de Canarias/FEDAC.

A finales de los años 20 del siglo pasado, el fotógrafo Kurt Herrmann ascendió con su equipo a la mejor atalaya artificial de la ciudad: la parte alta de la Catedral. Una vez recuperado el aliento y estabilizado el pulso, situó su objetivo en la torre norte y tomó una panorámica en la que vemos, en primer término, el cauce seco del Guiniguada, a continuación El Terrero, las huertas de El Pambaso, y al fondo el Risco de San Nicolás. 

Invito al lector a recorrer ese paisaje a su antojo y, si creció por la zona, tal vez encuentre lugares ya desaparecidos que le resulten familiares. Una vez haya saciado su curiosidad, diríjase al Terrero y deténgase frente a este edificio de planta baja.

Sus grandes letras rotuladas en la fachada llamaron mi atención, y consultando viejos periódicos averigüé que se trataba del taller mecánico de carpintería de don Julio Talavera Santana, fundado en 1872 e instalado en el número 7 de la calle Fuentes.

Las primeras noticias que revela la prensa de este carpintero se remontan a 1898, y nos dan una idea del prestigio que alcanzó. En este año comienzan a construirse dos bellos edificios en la ciudad. Uno es el de la Comandancia de Marina. Otro, el bello palacete del Círculo Mercantil. En ambos, la carpintería correrá a cargo del maestro Talavera.

A finales de 1906, instala en su taller todo un avance: una máquina de vapor de siete caballos. Y cuando no la usa en sus propios trabajos, la alquila por horas a carpinteros de Las Palmas y del interior. 

En enero de 1912, el despido de un operario provoca una huelga. Los patronos de carpintería de la capital, entre los que se encuentra nuestro carpintero, firman un documento accediendo a lo solicitado: establecer la jornada en 9 horas en todas las estaciones del año. Es en este año cuando Elder Dempster deja Triana 93 y encargar su nueva oficina a Julio Talavera.

En 1915, nuestro protagonista ya había fallecido y la empresa continua bajo la denominación “Hijos de Julio Talavera”. Hacen trabajos de tornería moderna, polveras para regalos de novia, bandejas, platos y copas para adorno de comedores, todos en madera fina y olorosa.

En el número 4 de la calle Remedios tienen una exposición permanente de sus trabajos. Alcobas, comedores, despachos, y toda clase de muebles de lujo, fabricados con las mejores caobas y maderas finas. Un poco más allá, en los números 10 y 12, está la competencia: los almacenes de muebles de don José Lisón.

En 1925 frecuenta el taller un aprendiz. Se llama Plácido Fleitas, y está aprendiendo a cortar y a trabajar con maderas nobles: barbusano, ébano, naranjo y cedro. Acabará dominando el arte de la talla y convirtiéndose en un reconocido escultor.

La última huella que el taller de Talavera deja en la prensa la encontramos en La Provincia, el 4 de mayo de 1935. El Círculo Mercantil organizó una exposición de Industrias y el taller se llevó la Medalla de Plata en la sección de ebanistería.

Y esta es, a grandes rasgos, la historia de los afamados talleres de don Julio Talavera. El edificio hace décadas que fue derribado, pero ahora que conoce su historia, cuando pase por allí cierre los ojos y agudice el olfato, el olor a serrín no ha desaparecido del todo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s