Tabaquería La Unión

Querido lector, si le digo que hoy viajamos en el tiempo a la calle de la Carnicería para recordar un antiguo comercio, es muy probable que no se ubique, y con razón, pues esa nomenclatura desapareció del plano de nuestra ciudad hace mucho tiempo. Sin embargo, si le digo que esa vía hoy se llama Mendizabal, la identificará inmediatamente, y una vez la haya recorrido mentalmente, le invito a detenerse en la esquina más al norte del Mercado de Vegueta. Me reuniré con usted unos cuantos párrafos más abajo.

Antes de ir a su encuentro, indaguemos sobre el origen del primitivo nombre, aunque como imaginará tiene poco misterio. Para ello rescataremos un párrafo de Recuerdos de un noventón, de Domingo J. Navarro, en el que el autor nos dejó una interesante semblanza de la calle que conoció: 

“En el término de la calle de la Carnicería se veía el local de su nombre, donde por la mañana se vendía carne y por la tarde pescado fresco. La Carnicería era poco más que un cobertizo separado del público por una reforzada reja de madera de tea. En el interior se descubrían fijados en las negras paredes, cubiertas de moscas, varios garfios destinados a colgar las carnes. A través de la reja se presenciaba el repugnante espectáculo de la matanza, que no es posible describir en todos sus detalles. El fiero aspecto de los carniceros manchados de sangre, con piernas y brazos desnudos, pesada maza en mano, cuchillo largo y puntiagudo al cinto y afilada hacha en mano; […]”

Domingo J. Navarro termina su descripción diciendo: 

“[…] todo conspiraba a convertir aquella carnicería en un infierno digno de Dante”.

Ya estoy con usted. Le decía al principio que mi intención era recordar un antiguo comercio, pero más que recordar, debería decir visitar, aunque nos limitaremos a observar el comercio desde lejos. No en vano los dos vamos vestidos de época. 

Tengo en mis manos el periódico de hoy, se trata del Diario de Las Palmas, ¡menuda sábana!. Se lo compré a aquel chiquillo que está sentado junto al puente. Veamos. ¡Ajá!, su cabecera nos indica que hoy es 27 de abril de 1894, y si mi inseparable Roskopff no miente, son las once y dos minutos de la mañana.

Tiene mala cara, ¿se encuentra bien? Tome el diario y abaníquese un poco. Comprendo su disgusto al encontrarse aquí y ahora. Hace unos instantes estaba leyéndome en una pantalla, y ahora viste distinto y tiene ante usted un panorama más propio de una película que de la vida misma.

Pero no se lleve a engaño, aquí no hay cámaras ni extras. Pero sí dos protagonistas, usted y yo, y un guión bien definido que no ha leído pero que yo me sé de memoria, así que tranquilo.

Ahora que está más repuesto le pongo en situación. Fíjese en ese edificio de la esquina. Es el nº 2 de la calle de la Carnicería, y en él cuelga un rótulo que dice: “La Unión. Tabaquería de Guillermo A. Pérez”. El inmueble se conserva intacto en nuestro presente, y está ocupado por la charcutería El Puente. 

Don Guillermo Aurelio Pérez nació en esta ciudad en 1851. Está casado con doña Sebastiana Castro Álvarez, y viven en una bonita casa de la calle San Bernardo. ¡Ops! Una carreta ha parado frente al comercio. Ese que sale a recibir la mercancía debe ser don Guillermo. ¡Fíjese qué bigote! Luce además unos quevedos de oro, y una oronda barriga que esconde detrás de un delantal negro. Un dependiente mete la mercancía en el establecimiento, mientras don Guillermo revisa unos papeles.

Páseme el diario. En él hay un anuncio muy interesante de la tabaquería… aquí está, dice: 

“Por los vapores Conde Wifredo y Martín Saens se han recibido en la tabaquería La Unión, sita frente al Mercado, una exquisita variedad de tabacos, cigarrillos y picadura marca de Morena y Flor de Cuba. También se han recibido cigarrillos de Julián Alvárez y de la legitimidad, papel blanco y pectorales y de hebra; marca de la Corona y Pedro Murias ídem, de la Bienhechora, Partagás, La Competidora y Flor de Cuba. Lo mismo que cajetillas marca del Mapa de Cuba de los números 1º, 2º y 3º.”

Como verá el dependiente se toma su tiempo para descargar la mercancía, y aunque se observa mucho movimiento en los tinglados del Mercado, da la sensación de que en esta época la vida transcurre más despacio. 

¡Mire! Hay un papelito en el suelo con publicidad de la tabaquería. Me lo llevaré de recuerdo.

La tabaquería continuará abierta unos veinte años, casi hasta la muerte de don Guillermo, que ocurrirá el 12 de diciembre de 1926. Su comercio quedará inmortalizado en algunas fotografías, como en la postal que nos acompaña en esta aventura, pero su pequeño hueco en la historia de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria será sepultado por el polvo del olvido. Ya es hora de regresar.

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