El dentista de la calle del Progreso

FEDAC

Ojo a esta fotografía. Fue tomada en la primera década del siglo XX, y ofrece una magnífica vista del Guiniguada con el puente de piedra que unía Vegueta y Triana dominando la escena. Bajo él, un serpenteante riachuelo discurre sobre el empedrado cauce del barranco, mientras en las calles aparecen, dispersas, algunas siluetas de personas que hacen sus vidas, ajenas al disparo que acaba de realizar el fotógrafo apostado en lo alto del hotel Monopole.

Todo en esta imagen es relevante, y mirándola al detalle, la vista se me va al lejano molino que domina la montaña de San Juan, para luego regresar al plano medio para detenerse en los rótulos de los establecimientos que hay a una y a otra orilla.

En el margen derecho encontramos uno de sobra conocido que ha hecho correr muchos ríos de tinta: el de la farmacia de las Hermanas Vernetta. 

En la orilla opuesta, en la calle del Progreso (antes del Toril, y hoy Juan de Quesada), distinguimos otros tres. El que aparece más a la izquierda parece que pone “La Digesta”, pero no las tengo todas conmigo, pues por más que he buscado no he podido desvelar su verdadera identidad. 

Calle arriba, pasando el puente, una tartana avanza y un poco más adelante encontramos a tres paisanos conversando frente a un establecimiento que luce un rótulo que pone “Café-Comercio”, y del que no puedo aportar absolutamente nada porque también se ha resistido a mis indagaciones.

Ahora quédese frente a ese precioso inmueble, que aún se conserva, y dirija la mirada a la tercera planta. ¿Ve ese enorme rótulo que cuelga de los balcones? No fuerce la vista, la resolución de la fotografía no permite leer lo que pone. 

Durante mucho tiempo he conservado esta fotografía en mi escritorio, intrigado por desvelar el contenido de ese misterioso letrero, y hace muy poco lo he descifrado. Lo que reza ese enorme reclamo es lo siguiente: “D. Rosati Cirujano Dentista”.

Se preguntará cómo llegué a descifrarlo. El método consistió en rastrear la prensa del periodo en el que se hizo la fotografía, buscando en la sección de anuncios todos los relacionados con negocios ubicados en esa calle. Los de la consulta del doctor Rosati aparecían constantemente, y gracias a ellos he podido seguir el rastro de este médico italiano aprobado por la Universidad Central de Madrid y por la Universidad de Bolonia, premiado además con medalla de plata por la Facultad de Medicina de Bruselas.

Nicolás Rosati llega a Gran Canaria a mediados de marzo de 1894. Viene acompañado de su esposa, Caterina Rosati y Susini, profesora dentista titulada en la Universidad de Colonia. Se instalan en el hotel Europa, en la calle de los Balcones, donde su marido comienza a pasar consulta. Están de paso, pues su intención es continuar su viaje a América. Pero algo les hace cambiar de idea. Tal vez ven futuro profesional en el mal estado de las dentaduras de los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria. En cualquier caso, en abril de ese año abre su gabinete dental en el número 37 de la calle Triana, esquina con Torres.

Diario de Las Palmas, 9 de abril de 1894. JABLE.

Pero el local no reúne las condiciones que espera y en junio se traslada a la calle del Progreso, donde establece también su vivienda. Rosati ve tanta necesidad que de 9 a 11 de la mañana pasa consulta gratis para los pobres.

Diario de Las Palmas, 26 de junio de 1894. JABLE.

En octubre de 1895 decide deshacerse de un piano.

Diario de Las Palmas, 9 de abril de 1894.
Diario de Las Palmas, 20 de octubre de 1895. JABLE.

En julio de 1896, por algún motivo que no he podido averiguar, abandona brevemente su gabinete de la calle del Progreso,  y traslada su consulta al hotel Colón, en el número 28 de la calle de Pérez Galdós.

Diario de Las Palmas, 27 de julio de 1896. JABLE.

Comienza el año 1900 y Rosati realiza una excursión por Europa con la intención de estudiar los mayores adelantos en la ciencia odontológica. Regresa a Gran Canaria en junio, y trae lo último en dentaduras postizas y empastes, y un nuevo método de anestesia que garantiza la total ausencia de dolor.

Diario de Las Palmas, 11 de febrero de 1901. JABLE.

A mediados de 1902 vuelve a abandonar la isla para viajar al extranjero. Regresa a final de ese año con lo último en equipo para su gabinete dental, así como toda clase de productos para la higiene bucal, como puede leerse en el siguiente anuncio publicado un año después, el 16 de julio de 1903.

Diario de Las Palmas, 16 de julio de 1903. JABLE.

En agosto de 1903, la revista italiana El Domingo del Correo de la tarde, de Milán, publica una columna exaltando las virtudes de las Islas Canarias, que será ilustrada por dos fotografías enviadas por Nicolás Rosati. Una del Puerto de la Luz y otra del muelle de Las Palmas.

A finales de 1904 viaja a Italia, y regresa con aparatos modernos y preciosos materiales con los que vestir las sonrisas de sus clientes. 

A principios de 1906 vuelve a su país natal donde pasa una temporada. Regresa en agosto con lo último en aparatos y en instrumentación. El 26 octubre, Rosati publica un anuncio en El Diario de Las Palmas en el que pone a la venta un carruaje Landeau de cuatro ruedas y gran lujo, con poquísimo uso y por un bajo precio. Volverá a pisar Italia en 1908, y de nuevo en 1909. En este último año regresará acompañado de uno de sus hijos, que ha estado practicando en Génova como profesor dentista, y abre una sucursal de su gabinete dental en el Puerto de la Luz.

Diario de Las Palmas, 13 de julio de 1909. JABLE.

El 17 de agosto de 1909, aparece este anuncio en El Diario de Las Palmas, en el que presume de ser el gabinete mecánico dentista más antiguo de la ciudad:

Diario de Las Palmas, 17 de agosto de 1909. JABLE.

El 25 de octubre de ese año,  una nota de sociedad aparecida en la prensa dice que Nicolás Rosati se halla bastante mejorado de una enfermedad que viene sufriendo. Pero al año siguiente, el 17 de enero de 1910, la sección Necrológicas de El Diario de Las Palmas anuncia su fallecimiento. El triste aviso destaca su carácter noble y sincero, por lo que era muy estimado en la ciudad. Poco después el rótulo fue descolgado de la casa de la calle del Progreso para siempre. De la historia de este prestigioso caballero ya solo queda un rótulo ilegible en una antigua fotografía y un montón de anuncios en periódicos viejos.

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