Dos sellos y una historia

Los objetos antiguos de escritorio ejercen sobre mí una gran atracción. Cuando visito anticuarios o mercadillos siempre estoy atento por si encuentro alguna pluma estilográfica, una escribanía o algún tintero. Esos objetos me ayudan a recrear esa atmósfera de otra época que tanto me gusta, y acaban decorando el secreter donde escribo mis textos. 

Dentro del amplio abanico de artículos relacionados con la escritura, los más curiosos son los sellos de lacre o de caucho. Algunos contienen enigmáticas iniciales que impiden conocer a quién pertenecieron. Queda conformarse con datar la pieza según el estilo, e imaginar quién pudo ser su dueño. Otros, en cambio, lucen escudos heráldicos, o sellos de viejos comercios, y son fácilmente identificables. 

Recientemente he añadido a mi colección de sellos dos piezas muy interesantes. El más bonito es un precioso sello de lacre de estilo Art Nouveau que en su día estuvo bañado en plata. En su base circular aparece una estrella de ocho puntas en el centro y un nombre: “José Azofra”, acompañado del título de “Doctor”.

El otro, más sencillo pero no por ello menos valioso, es un Ex Libris de la misma persona que reza: “Biblioteca particular. Doctor Azofra”, con una línea en el centro sobre la que asignar un número a la obra.

Pero, ¿quién era el doctor Azofra? El sello modernista y la palabra “doctor” me hizo pensar en un primer momento en un médico de hace cien años. Pero no, tras investigar descubrí que estos dos objetos tan personales habían pertenecido a un personaje de sobra conocido en Las Palmas de Gran Canaria en la primera mitad del siglo XX, y que hoy cuenta con una calle en Escaleritas que lleva su nombre: el elocuente y eminente canónigo don José Azofra del Campo, maestrescuela de la Basílica de Canarias.  

Don José Azofra del Campo nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1876. Estudió en la Universidad Pontificia de Canarias y obtuvo dos títulos, el primero en 1899 en la Facultad de Teología, y el segundo en 1908, en la Facultad de Derecho Canónico. Padre Cueto lo nombró profesor de su seminario, y dio clases en dicha universidad y también en el colegio de San Agustín.

Durante los años de la primera guerra mundial fundó la Cocina económica del Inmaculado Corazón de María, y junto al doctor Melián creó el sanatorio de tuberculosos de Las Palmas. El Obispo Adolfo Pérez Muñoz le llevó a la basílica como Canónigo Magistral. El Doctor Marquina premió sus trabajos y servicios elevándole a la dignidad de maestrescuela de la Catedral. Fue nombrado presidente de la Junta Social Católica, y más tarde, presidente de la Junta Local de Buena Prensa. En 1918 fundó el periódico católico El Defensor de Canarias.

En mayo de 1925, el Gobierno de su Majestad el Rey Don Alfonso XIII le distinguió con la Gran Cruz de Beneficencia, con distintivo blanco. Una distinción civil española que tenía por objeto recompensar actuaciones o servicios considerados extraordinarios en el transcurso de calamidades públicas. En 1926, el Ayuntamiento de Telde le nombró Hijo adoptivo.

Quedaba poner rostro a este ilustre caballero, y tuve suerte, mucha. Lo primero que encontré fue una caricatura publicada en El Conduto, suplemento humorístico del Diario de Las Palmas, publicado el 22 de abril de 1972, en el que aparecía como un orondo sacerdote.

© Del documento, los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca Universitaria, [2009]

La fotografía apareció en un libro titulado “Pro Cultura. Biografías canarias, 1927”, obra de don José González Rodríguez, en cuya página número 7 aparecía la siguiente dedicatoria: “Al Excmo. Sr. Don José Azofra del Campo, ilustre y benemérito hijo de Gran Canaria, con todo afecto y gratitud. El Autor.”

© Del documento, los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca Universitaria, [2009]

En el retrato, Azofra luce en su pecho la Gran Cruz de Beneficencia y la banda correspondiente, por lo que es posible que la fotografía fuera tomada el año en el que la recibió.

Algo que me intrigaba de su cuño personal era la estrella que aparecía en el centro de su sello. ¿Por qué había elegido ese elemento para que le representara? Una estrella de ocho puntas… el mismo símbolo que aparece en la condecoración que le otorgó el Rey Alfonso XIII. Si estuviera en lo cierto, el sello sería posterior a 1925.

Don José Azofra del Campo falleció el 3 de febrero de 1951, y según las crónicas su muerte fue muy sentida en la ciudad. Sus sellos personales fueron olvidados en un cajón. Casi setenta años después llegan a mis manos, ¿de quién eran? Ya lo sé.

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