El modelo nº 3

Curioseando un volumen encuadernado de la revista Nuevo Mundo correspondiente al año 1910, encontré una publicidad a página completa de la marca relojera Fix Watch en la que se anunciaban seis espléndidos relojes de bolsillo.

Las detalladas ilustraciones de los relojes a tamaño natural venían acompañadas de descripciones y de sugerentes eslóganes como “Reloj elegante y económico”, “Recomendado para artesanos”, o “Elegante, seguro y económico”.

Al observar el tercero de ellos vi ciertas similitudes con uno inservible que compré hace años en un anticuario con la intención de usarlo como atrezzo. Al colocarlo sobre el papel resultó ser el mismo modelo.

Hace décadas que el corazón de este reloj se paró, y el tiempo acabó deshaciendo sus agujas que ahora flotan en pedazos sobre la maltrecha esfera de porcelana. El acero pavonado está cubierto de una capa de óxido, y sorprende que el cristal de plexiglas haya llegado indemne hasta nuestro días. Su interior está protegido por dos tapas. En la que protege la máquina puede verse grabado las características del reloj: “Ancre Levees Visibles. Brevete. 15 Rubies”, junto a algunas medallas que en su día dieron prestigio a la marca: “Milán, 1906. Bruxelles, 1910”. 

Accedemos al interior y descubrimos el secreto: volante, puente, ruedas, espiral, contrapesos, áncora… El guardapolvo ha mantenido a raya el óxido, y el mecanismo dorado pareciera que va a arrancar en cualquier momento.

Pero no. Ha vivido mejores tiempos. Las sorpresas no acaban y en el interior de una de las tapas aparecen las huellas de un relojero. La columna de diminutos números grabados con algo parecido a una aguja indica las veces que fue revisado y es más que posible que sean fechas.

Volviendo a la hoja ilustrada de Nuevo Mundo, la representación de estos relojes estaba a cargo de D. Modesto Largo, director de El Trust International, fabricante de relojería y joyería, cuya sede se encontraba en Puerta del Sol, 12 y Carmen, 1 en Madrid.

Imagino que un viajante con una maleta cargada de relojes apareció en Las Palmas a principios del siglo XX y los modelos de la marca acabaron expuestos en las vitrinas y escaparates de algunas de las relojerías que habían en Triana, con el valor añadido de que si un reloj Fix Watch no gustaba, se cambiaba por otro enseguida.

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