El pilar de la calle Fuente

Reparar en la nomenclatura de nuestras calles y desentrañar el origen de sus nombres es un entretenido pasatiempo para aquellos que, como yo, sienten curiosidad e indagan en ecos pasados.

Sucede que a veces transitamos a diario por las mismas calles desgastando nuestros pasos, y la vida se escapa con prisas sin que jamás alcancemos a conocer por qué se llaman de una u otra manera. A veces los nombres son tan evidentes que basta con deleitar la vista en viejas fotografías para caer en la cuenta y recuperar la memoria colectiva. Entonces todo cobra sentido y el misterio se desvanece enseguida.

Tal es el caso de la calle Fuente, en el barrio de Triana. Una vía a priori carente de encanto que discurre paralela junto a la orilla norte del sepultado Guiniguada, y cuyo nombre no hace más que recordar el viejo pilar que allí había y que abastecía de agua a los antediluvianos habitantes de ese lado de Las Palmas de Gran Canaria.

Imagino que sería un día caluroso aquél en el que un fotógrafo anónimo tuvo la feliz idea de situar su arcaica cámara frente al pilar que había junto al Guiniguada, para retratar a tres niños que sumergían sus pies en él mientras llenaban unas latas para llevar agua fresca a sus casas, en una época en la que muchas viviendas de nuestra ciudad aún no contaban con agua corriente.

El fotógrafo accionó el mecanismo sin saber la importancia de su gesto, y mucho menos sin sospechar que un siglo después su fotografía serviría para vencer la amnesia y lamentar lo que hemos ido perdiendo por el camino.

La fecha de construcción del pilar es algo que no he podido determinar, por mucho que he mirado en archivos, pero basta con fijarse en el desgaste de las piedras para intuir su antigüedad, teniendo en cuenta que la fotografía, según la FEDAC, fue tomada en la década de los veinte del siglo pasado. 

Lo que sí encontré en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas “Joaquín Blanco” fue un expediente del 14 de noviembre de 1895 titulado: “Sobre composición del pilar de la calle de la Fuente”, firmado por el arquitecto Laureano Arroyo. En dicho documento el arquitecto exponía lo siguiente:

“El pilar de la calle de la Fuente se está minando a través del muro del barranco y del empedrado de la calle por efecto de las continuas roturas que sufre el tubo de plomo que lleva el agua a las llaves, por lo cual, se hace preciso sustituir dicha tubería, por otra de hierro galvanizado que asegure, de modo permanente, la composición que se haga en dicho pilar. También se hace preciso corregir los desagües sobrantes del mismo para evitar los continuos chorros de agua que tienen convertida la calle constantemente en un lodazal. Lo que tengo el honor de consultar a V. S. por si juzga conveniente ordenar las entredichas reparaciones en el citado pilar.”

Reparados ya los desperfectos, el 25 de marzo de 1903 otro fotógrafo situó su cámara en la calle Fuente para disparar una excelente panorámica del lugar, con el pilar como protagonista y unas tartanas al fondo. De nuevo es un día caluroso, y la fuente es un oasis en medio de un mar de ardientes callaos. Llama mi atención un caballero que se refugia del calor en la sombra de una esquina, y que no pierde al fotógrafo de vista. Tampoco puedo pasar por alto la casa que hay al fondo y en cuyo frontis hay un rótulo que aunque usted no pueda leerlo, la imagen en alta resolución revela que en él aparece la palabra “Imprenta”.

Se trata del establecimiento tipográfico de la Sra. Vda. de Romero e Hijos, ubicado en ese lugar, calle Terrero número 8, al menos desde 1875, y que luego pasó a llamarse Imprenta de Las Palmas. En este taller se imprimía, entre otras cosas, la revista “Las Palmas. Revista quincenal de agricultura, industria, comercio, ciencias y literatura”, y que está disponible para su consulta en la Hemeroteca de El Museo Canario.

Las fotografías antiguas evocan el pasado, pero como decía al principio, superada la nostalgia de la primera impresión, estas imágenes sirven para vencer al olvido colectivo y para lamentar perdidas grandezas. Si no miren con atención la anterior fotografía tomada alrededor de 1880. A la derecha vemos la calle de la Fuente y el pilar. La ciudad en ese punto ofrece hoy una imagen bien distinta. Jamás debimos dejar que nos quitaran el Guiniguada, y tampoco permitir que tiraran el precioso puente de piedra, el primero, el de tres ojos y corcova que unía Vegueta con Triana , y Triana con Vegueta.

Hay un proyecto para “rescatar” el Guiniguada, pero en las infografías solo veo carriles bici, y no hay ni rastro de su primitiva estampa. Dicho proyecto tampoco contempla traer al presente el histórico puente. No me digan que no sería bonito levantarlo de nuevo. Hay suficiente material gráfico para recrearlo y es posible que en los archivos se conserve algún plano.

Ese cordón umbilical hoy hubiera sido el símbolo de nuestra querida ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Y puestos a rescatar, podríamos recuperar el puente de palo y sus quioscos,  y no nos olvidemos del pilar. Por soñar que no quede.

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