El dibujo perdido de Richard Cooper Junior

¿Se imagina que al comprar unas revistas encuadernadas de los años treinta aparezca traspapelada entre sus páginas una valiosísima obra de arte?

Eso fue lo que le sucedió a nuestro protagonista, cuya identidad he de mantener en el anonimato, al hojear unos ejemplares de la publicación francesa L`Illustration que acababa de adquirir por un par de euros en un mercadillo ambulante de Las Palmas de Gran Canaria.

Cuando llegó a casa, pasó rápidamente las páginas y se dio cuenta de que había una hoja suelta que nada tenía que ver con el contenido de la revista, dedicada en su totalidad a la Guerra Civil Española. La hoja contenía un bucólico paisaje en el que aparecía un molino de agua rodeado de árboles y dos personajes caminando junto a un río.

A priori pensó que se trataba de una de esas láminas impresas que vienen con los marcos y a punto estuvo de romperlo en pedazos, pero se dio cuenta de que se trataba de un original al ver como brillaba el grafito bajo la luz de la lámpara.

La maestría del misterioso dibujante y el papel, que parecía bastante antiguo, le hizo sospechar. Saltaron las alarmas cuando vio, además de las iniciales que acompañaban al dibujo, el nombre “J. R. Cooper” escrito a lápiz en el reverso.

Comenzó a investigar en internet y no tardó en encontrar lo que buscaba.

Richard Cooper Junior nació el 6 de febrero de 1740 en Edimburgo, y era hijo del también artista Richard Cooper y de Anne Lind. Fue profesor de dibujo en Eton College y dio clases a la familia real inglesa.

Llegó a exponer sus trabajos en la Real Academia de Londres. Se inició en el dibujo con su padre, y luego se trasladó a París como discípulo del grabador J.P. Le Bas. En 1770 inició su Grand Tour y viajó a Italia, regresando a Inglaterra alrededor de 1778. Es posible que este dibujo pertenezca a ese periodo. Falleció en Londres en 1822.

Pero, ¿cómo llegó el dibujo a Gran Canaria? El hilo del que tirar para obtener una respuesta está en una de las guardas de la revista encuadernada. Allí aparece un golpe de tampón de un comerciante de principios del siglo XX que tenía su comercio de comestibles en la calle Triana.

Quizá este señor fuera un ávido coleccionista y adquiriera el dibujo junto a la revista en algún mercadillo de Londres, o se lo comprara a algún buquinista despistado de París que no sabía lo que tenía. Pero esto son meras elucubraciones.

Lo cierto es que las obras originales de Cooper son raras y escasas. El Museo Nacional Británico de Arte Moderno posee cinco originales y cinco grabados. La Galería Nacional de Retratos de Londres tiene una obra original y nueve grabados, y El Museo Británico conserva diez dibujos y setenta y cuatro grabados.

Ahora hay un afortunado ciudadano de Las Palmas que guarda uno en su colección privada, a la espera de que se autentifique su autoría. Para ello la lámina será enviada a Inglaterra para su análisis y si se confirma saldrá a subasta.

Aunque todo parece indicar que se trata de uno de los originales perdidos de Richard Cooper Junior, considerado uno de los Grandes Maestros británicos de la acuarela y el dibujo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s