Espías en la Batería de San Juan

En el puesto de guardia de la Batería de San Juan hace mucho tiempo que ya no hay soldados armados con fusiles Mauser y bayoneta para dar el alto y pedir el santo y seña.

Circunstancia que juega a nuestro favor, porque nos disponemos a hacer una incursión en uno de los búnkeres para localizar unos curiosos diagramas pintados en la pared. Es inevitable pensar que si estuviéramos en otra época seríamos acusados de espionaje, y con razón.

Según mis notas, el complejo defensivo fue desartillado a finales de los años 50 del siglo XX, pero las instalaciones fueron utilizadas algunas décadas más. A principios de los 80, cuando el que escribe era un niño, vivía muy cerca de aquí y recuerdo con claridad las siluetas recortadas de dos o tres soldados protegiendo lo que escondía la montaña. Unas instalaciones militares construidas en dos épocas distintas que hoy están abandonadas y en ruinas.

La primera construcción, conocida como Batería de San Juan, comenzó a construirse en 1898 ante el temor a una posible invasión norteamericana a la Isla, y se terminó alrededor de 1905. Avanzado el siglo XX y con el desarrollo de la aviación, fue declarada obsoleta por estar completamente a la vista y expuesta a los ataques aéreos.

La segunda, llamada Búnkeres de las Mesas de San Juan, está situada a 250 metros en dirección sur y se construyó durante la Segunda Guerra Mundial para hacer frente a un ataque británico en el caso de que España se aliara al fin con Alemania. Este complejo consiste en una serie de nidos de ametralladoras que se conectan entre sí por un laberinto de galerías subterráneas en el que es fácil perderse, y no recomiendo al lector aventurarse en él.

Yo lo voy a hacer pero acompañado por un soldado de la vieja guardia que hizo muchas imaginarias a principios de los 70 en El Vigía, un puesto militar situado en la Isleta y que según me cuenta mientras nos acercamos, también contaba con un entramado subterráneo de túneles. Antes de entrar en la boca del lobo, repaso un pequeño plano del laberinto que traigo dibujado en mi cuaderno. La misión consiste en entrar, fotografiar los diagramas y salir ilesos.

Decididos, traspasamos el umbral y enseguida se hace necesario encender las linternas. Avanzamos 30, 40, 50 metros en las entrañas de la montaña y el túnel termina y tuerce bruscamente a la derecha, y de nuevo a la derecha. Sobre nuestras cabezas, toneladas de hormigón y tierra, y ante nosotros la oscuridad más absoluta. La luz artificial nos descubre una pequeña sala que da a otro pasillo. Avanzamos por él y llegamos a otra habitación. En un extremo hay unos escalones que ascienden, y una inscripción en la pared: “Puesto telemétrico”. En el otro lado hay un nuevo pasillo que conecta, según mi plano, con el siguiente búnker. Iluminamos las paredes y damos con nuestro objetivo: Dos diagramas con instrucciones para el uso del telémetro.

Han sido alterados, pero aún pueden leerse parcialmente. Hago las fotografías y luego intento comprender los esquemas. El primero de ellos pone: Esquema de la dirección del Tiro con la D. de T. elemental “Negrilla”, Anteojo Capitán, inclinación y velocidad…

En el segundo: Esquema de la dirección del Tiro con los equipos de circunstancias, anteojo de derivas, predictor de alcance, analizador de viento…

Ya tenemos lo que queríamos, pero antes de abandonar el recinto decidimos subir por la escalera que conduce al puesto telemétrico. Dos tramos de escalones. En el segundo ya no son necesarias las linternas. La luz del sol nos descubre un nido de ametralladoras a dos niveles. Las vistas desde aquí son impresionantes. La panorámica abarca desde la Isleta hasta la punta de Gando. Es fácil imaginar a un artillero oteando el horizonte a golpe de prismáticos, con la ciudad a sus pies.

Ya es hora de irnos por donde hemos venido. Salimos de la boca del lobo deslumbrados y el viento del norte nos refresca y hace que nos demos cuenta de lo viciado que está el aire allí adentro. Ya en la carretera echo la vista atrás y veo la montaña a lo lejos. La misma visión de cuando era pequeño, y un espejismo… La silueta fantasmal de un soldado que se cuadra y nos saluda, para luego desaparecer entre las ruinas que ha dejado el tiempo en aquel lugar tan olvidado de nuestra ciudad.

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