¿Qué queda del antiguo tranvía?

El 18 de julio de 1890 se produjo el primer viaje de prueba del tren a vapor que uniría la pequeña ciudad de Las Palmas con el puerto. Un trayecto de unos 6 kilómetros. El 1 de octubre de ese mismo año se estrenó oficialmente, y la población se echó a la calle para dar la bienvenida al nuevo medio de transporte. El fotógrafo Luis Ojeda Pérez inmortalizó ese primer viaje desde una de las azoteas de la calle Mendizábal. Ésa y otras fotografías se conservan en los fondos fotográficos de El Museo Canario. Pero, ¿qué elementos tangibles quedan hoy de nuestro desaparecido tranvía?

El más conocido reposa expuesto a las inclemencias del tiempo y al desgaste de las pisadas sobre el pavimento de la Calle Mayor de Triana. Unos pocos metros de vías y una placa que nos recuerda que una vez circuló por allí un encantador tranvía. Más pedazos de esa deteriorada vía cuelgan de la pared del aparcamiento del Club Náutico, en cuyo solar estuvieron las cocheras. Pero hay otros elementos que pasan desapercibidos, a pesar de estar a la vista. Me refiero a las olvidadas rosetas que sobreviven en las fachadas de las casas más antiguas, y que servían para sustentar el hilo de la catenaria. Yo las descubrí a finales de los años 80, gracias a don José León, mi profesor de EGB.

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