La enigmática gárgola de la Catedral de Santa Ana

Las Palmas. 2 de noviembre de 2020. 9 de la mañana. Me encuentro en la calle Obispo Codina con la espalda pegada al muro del Palacio episcopal, tratando de ver una curiosidad más allá de la inacabada iglesia del Sagrario.

Se trata de una misteriosa gárgola en la que nunca había reparado, hasta ayer. Parece un ejemplar único, pues por más que he inspeccionado los muros del templo, las que abundan son las típicas de cañón, presentes en muchas casas del casco antiguo.

Para salvar la enorme distancia que me separa de dicho elemento, he traído unos potentes binoculares de la primera guerra mundial. Tienen un tamaño discreto, aún así es inevitable llamar la atención. A través de sus lentes puedo apreciar su siniestro y oscuro perfil, y tengo la falsa sensación de que si estiro el brazo puedo acariciar a la criatura, aunque ahora que lo pienso… mejor no, me podría morder.

Como no dispongo de una cámara con zoom, trato de retener en mi retina las proporciones del monstruo y sus detalles. En  mi cartera de cuero traigo todo lo que necesito para trazar la gárgola sobre el papel, y cuando termine mis observaciones buscaré un lugar tranquilo y la dibujaré.

Ahora estoy sentado en la trasera de la Catedral. Mientras dibujo la gárgola me asaltan varias preguntas. ¿Quién fue el cantero que la esculpió? ¿Qué quiso representar? No es un basilisco, tampoco una arpía ni un grifo, y mucho menos un dragón. Parece más una serpiente alada, o lo que es lo mismo en la cultura judeocristiana, la encarnación del mal.

Cuenta el Génesis que la serpiente fue la culpable de que Eva y Adán comieran el fruto del árbol prohibido, y Dios, como castigo, maldijo a la serpiente: “Porque hiciste esto, serás maldita entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida”, perdiendo así sus alas, pues en numerosos pasajes bíblicos se alude a la serpiente como un animal que vuela.

Sigo dibujando y surgen más preguntas. Lo que está claro es que la gárgola de la cara norte de la catedral es una representación demoniaca. ¿Es por ello que está tan escondida? Su posición no parece escogida al azar, ¿la mano que allí la puso vio en el solar al que mira un especie de jardín del Edén?

El dibujo ya está terminado. Cuando pasee por Obispo Codina pegue su espalda al palacio y busque la gárgola por encima del muro. Ese demonio de piedra tal vez lleve siglos observándonos, espero que no se enfade si le devolvemos la mirada. Si le ve emprender el vuelo ¡corra!