Ángel Laborde, el marino ilustre

Las antigüedades no son más que una excusa para emprender largos viajes sin moverme de mi escritorio. O de mi biblioteca. En ella he hecho algunos descubrimientos que me han llevado muy atrás en el tiempo, a través de las palabras. Sirva de ejemplo el caso del libro firmado por el fraile pintado de Gáldar. Después de escribir esa historia me puse a revisar las guardas de todos esos libros antiguos que componen mi biblioteca y me tropecé con una nueva sorpresa. El lector podría pensar que se trata de una argucia del autor de este blog para llamar su atención. Un nuevo descubrimiento…¡imposible! Pues no. La realidad supera a la ficción, y confieso que yo soy el primer sorprendido con este nuevo hallazgo, en mi propia casa, que había pasado por alto.

En el anaquel de libros sin clasificar guardaba un tomo suelto de Historia General de España, de Juan de Mariana, impreso en Madrid en 1794. El tomo octavo, para ser exactos. Una buena amiga, conocedora de mi afición a los libros antiguos, me lo regaló hace años. Ella lo había encontrado haciendo limpieza en la casa donde vive ahora. Cuando lo vio pensó en mí, y yo acepté el obsequio encantado.

Desde entonces no había vuelto a abrir este precioso volumen encuadernado en piel con ribetes y letras doradas, ignorando lo que había oculto tras una de las pastas. Hasta hace unos días. Lo que encontré fue un ex libris en forma de estampa con un recargado grabado en el que aparecían una serie de objetos relacionados con la navegación.

En la ilustración aparecía un ancla cruzada sujeta por un cabo, un sextante, un reloj de bitácora que misteriosamente marcaba la una menos cuarto, y un timón sobre el que aparecía escrito con letra inglesa un nombre. En la parte inferior figuraba el nombre del grabador, aunque ilegible. Remataba la composición lo que parecía ser algún tipo de vegetación marina. Pero no nos vayamos por las ramas…o debería decir por las algas. Centrémonos en el nombre, que a priori, no nos dice nada: Ángel Laborde.

Para encontrar información sobre el antiguo dueño de este libro no fue necesario aventurarme en hemerotecas o archivos. Bastó con una simple búsqueda en Google para descubrir que otros ya se habían tomado la molestia de investigar quién era este personaje de calado histórico. Por ello daré sólo algunas pinceladas sobre la interesante historia de este comandante de la Real Armada Española, que posee una carrera militar impresionante, propia de un personaje sacado de una novela de Patrick O´Brian. La clave de cómo pudo llegar este libro a estas islas afortunadas la encontrará subrayada más abajo. Le dejo leyendo… yo voy a seguir buscando historias en las guardas de los libros.

Ángel Laborde y Navarro nació en Cádiz el 2 de agosto de 1772, y falleció en La Habana el 4 de abril de 1834. Fue Jefe de Escuadra de la Real Armada Española, Ministro de Marina (no tomó posesión), Comandante del Apostadero de La Habana, Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, de la de San Hermenegildo, y de la de Isabel la Católica.

En abril de 1792 el guardamarina D. Ángel Laborde es promovido al empleo de alférez de fragata. Estando destinado en Ferrol, realizó un viaje a Canarias para transportar tropas. Entre 1801 y 1803 realizó un viaje a las islas Filipinas, mientras, con fecha 5 de octubre de 1802, es promovido al empleo de teniente de fragata. En 1805, estando destinado en el navío San Juan Nepomuceno, no asiste a la batalla de Trafalgar porque le es conferido el mando de la goleta Hermógenes, de 10 cañones, para realizar una misión de correos oficiales a Nueva España y Cuba. En 1807, ya de vuelta a España, manda sucesivamente el cañonero Sorpresa y el bergantín Descubridor. En 1809 es ascendido a teniente de navío. En 1813 es promovido al empleo de capitán de fragata. En 1816, al mando de la fragata Nuestra Señora de Atocha, zarpa del puerto de Cádiz rumbo a Filipinas. Entre 1818 y 1819 zarpa de Cádiz rumbo de nuevo a Filipinas al mando del navío San Julián, armado con 40 cañones, tocando puertos de China, Java y la India. Su carrera sigue y sigue… hasta que en 1834, con 62 años de edad, muere en La Habana a causa del cólera.

Muchos años después, en 1875, por R. D. fue ordenado que sus restos mortales fueran trasladados a España, y así se hizo a bordo del vapor «Fernando el Católico», y enterrados en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

El paisaje costero que encabeza este artículo es obra de Johann Moritz Rugendas, se titula Valparaiso y fue realizado en 1841. El retrato de Ángel Laborde se encuentra en el Museo Naval de Madrid, y es de autor desconocido.