Auto-salón Alvarado & Vega

En 1925, el ciudadano de Las Palmas que quisiera adquirir un automóvil de las marcas Overland, Willy-Knight, o Ford, no tenía más que acudir al Auto-Salón Alvarado & Vega, en el número 37 de la calle Viera y Clavijo esquina con Bravo Murillo, y dejarse seducir por las líneas de los elegantes coches expuestos al otro lado de los amplios escaparates.

Y quien no lo pudiera comprar tampoco se privaba de mirar, porque soñar nunca ha costado dinero, y no serían pocos los caballeros que a pesar de no tener un duro en el bolsillo se detenían a diario frente a los cristales y se imaginaban conduciendo por la ciudad uno de aquellos flamantes automóviles americanos.

En 1921, cuando Alvarado & Vega ocupaba el número 105 de Triana, llevaron a cabo un singular concurso que fue publicado en la prensa. El concurso Overland, así se llamó la campaña publicitaria, pretendía destacar la economía de la marca, y lejos de sortear un vehículo, ofrecieron de premio 50 pesetas. Una cantidad nada desdeñable para la época.

El anuncio decía lo siguiente: “Un automóvil Overland modelo 4 partirá de Auto-Salón, Triana 105, el domingo 3 de abril de 1921, a las diez de la mañana sin más combustible en el depósito que 10 litros de bencina. Al terminarse ésta, el contador de velocidad ha de indicar el total de kilómetros y metros recorridos y ese número será premiado. Los nombres de las personas y números que se reciban se coleccionarán debidamente y caso de ser dos o más las que hayan enviado cifras exactas, el premio se sorteará entre las mismas”.

Participar no costaba un céntimo, lo único que había que hacer era rellenar el formulario que acompañaba al aviso, indicando los kilómetros y metros que recorrería con 10 litros de gasolina. La letra pequeña indicaba “Escríbase con claridad”, para evitar malos entendidos.

Imagino que el día que el Overland modelo 4 partió de Triana se formó un buen revuelo, y no serían pocos los niños que corrieron tras el automóvil hasta que éste enfiló la carretera del puerto ganando velocidad.

Desconozco si hubo un afortunado que se embolsó las 50 pesetas, y si lo hubo, ¿qué haría con el dinero? ¿Lo entregaría como entrada para hacerse con un coche nuevo? ¿O no le quedó más remedio que gastarlo en billetes de primera clase en el tranvía? Si así fue, siempre podría volver al escaparate de Alvarado & Vega y seguir soñando, porque, como dije al principio, soñar es gratis.