De mi archivo fotográfico rescatamos hoy a un elegante caballero que acudió a retratarse al estudio de Luis Ojeda Pérez, a comienzos de 1912. En el reverso escribió con bella caligrafía: «Aprovecho la oportunidad de marcharse el portador pues siempre es mejor remitir estas cosas a la mano que por correo. Me encontrarás mejor de lo que soy pero no tengo yo la culpa que la máquina fotográfica me haya mejorado. Tu hermano que te quiere, Enero 6/912. Juan.» Parece que el retratado abandonó Gran Canaria, tal vez partió en busca de nuevos horizontes en uno de aquellos vapores que iban para América.

Ella emerge elegante de un bosque de ensueño y me mira ladeando la cabeza desde el otro lado del papel. Yo le devuelvo la mirada y observo su cuerpo en escorzo; el pie derecho ligeramente adelantando; la pamela, el vestido largo y el abanico plegado. Más de un siglo ha pasado pero ella cree que hoy sigue siendo 31 de octubre de 1911. Quedó atrapada en ese instante y mira con inocencia al objetivo de García, en su estudio de Foto Moderna, en Triana número 11. Ignora que el tiempo ha tratado de borrar su existencia. En vano, pues la escritura de su puño y letra la ha salvado del olvido. Se llamaba Adela, y dedicó su retrato a su buen amigo Rafael Doreste. Me pregunto si después de retratarse iría a lucirse a la Alameda.