Hace unos días encontré esta lupa expuesta en la vitrina de un comercio. Cuando la sostuve en mi mano me di cuenta de que había vivido tiempos mejores, pues en el mango quedaban restos de madreperla, su recubrimiento original, y la lente presentaba una muesca, fruto de una desafortunada caída. Aún así pensé que tan encantador objeto merecía una segunda oportunidad.

El latón tenía una pátina maravillosa, y aunque datarla era imposible, pues no presentaba marcas del fabricante, es posible que tuviera más de cien años de antigüedad. Cuando llegué a casa la desmonté para quitarle la suciedad.

Retiré lo poco que quedaba de la madreperla, y forré los dos pequeños cuerpos del mango en cuero. En el proceso me sorprendió la cantidad de piezas que la componen, así como la calidad de fabricación y el aumento de la lente.

Fue entonces cuando me di cuenta de una curiosidad. El tapón que tiene en la base se desenrosca, y da acceso a un compartimento secreto de forma tubular, perfecto para ocultar un documento enrollado. Lástima que estuviera vacío.

Hoy quiero enseñarles un libro muy interesante de tamaño bolsillo. Se trata del Diccionario de Comercio para los niños, por don Pedro Palau Massoni, impreso en los talleres de Faustino Paluzie, en Barcelona, en el lejano año de 1880. A pesar de su pequeño formato (casi cabe en la palma de una mano), cuenta con 356 páginas en la que afloran términos conocidos y otros, los más interesantes, la mar de extraños. La intención del diccionario era instruir a los pequeños en la gran variedad de artículos disponibles en los comercios, supongo que para después mandarlos a hacer recados y que no les dieran gato por liebre. Así podías mandar al chiquillo a por una alcatifa (especie de tejido de lana de diferentes colores y muy diversos dibujos), un poco de albayalde (carbonato de plomo que se usaba en la elaboración de pinturas finas para artistas), o un cartucho de creta (nombre vulgar de una variedad amorfa y tierna de carbonato de cal utilizado para limpiar cuero, plata, vidrio…). Este manual puede parecer obsoleto, pero más allá de una curiosidad es una útil herramienta para conocer las mercancías disponibles en el último cuarto del siglo XIX, y más de una vez he tenido que acudir a él cuando descifro antiguos libros de contabilidad.

Este y otros artículos están a la venta aquí:

En 1915, ser socio del Gabinete Literario era todo un símbolo de status. Conocer el funcionamiento interno era esencial, y para ello entregaban este pequeño librito de 48 páginas con más de 100 artículos.

Reglamento General y de Régimen Interior del Gabinete Literario. Las Palmas. Tipografía del Diario, Buenos Aires 36. 1915.