A las afueras de Santa Brígida, en la falda de una escarpada montaña, reposan los restos de una mansión triste y solitaria. Oculta en el bosque y devorada por la naturaleza, desde la carretera pueden verse sus torreones, que aún conservan parte de su nobleza. En el pueblo todos conocen la historia de esta casona abandonada, de difícil acceso y arquitectura enrevesada. La casa de los Sarmiento; es así como la llaman. En sus muros, escrita la leyenda de un caballero, cuya fama y dinero no pudieron evitar que cayera en el más profundo de los sueños. Una antigua señora visitó sus aposentos, para arrancar su alma de su cuerpo y dejar a su viuda entre lamentos. La muerte llevó a la familia a la pobreza, y la casa cayó en el olvido, bajo la maleza. Es la casa de los Sarmiento, ese es su nombre, y es todo cierto.

Un espectro tras la celosía

Corre el año 1900 y la ciudad de Las Palmas yace aún sumida en el letargo del siglo XIX. Es una urbe con aire de pueblo grande, y la electricidad es una promesa incumplida que aún no ha llegado a todos los hogares. En muchas casas, cuando el sol se pone, todavía es necesario encender una vela, y ni siquiera los faroles de sus calles logran despojarla de su aspecto de ciudad desierta. Sus habitantes han crecido con las historias de brujas y aparecidos que les contaron sus abuelas, y evitan a toda costa transitarla de noche. Quién sabe qué peligro les acecha en las sombras. Unos pasos resuenan sobre la calle adoquinada y vacía. Tras la celosía se atisba la llama trémula de una lámpara de petróleo. Una espía vestida de luto observa la escena. Aparecen dos caballeros que caminan a toda prisa mientras murmuran. Sus siniestras siluetas se alargan al pasar bajo su ventana, y adivina en uno de ellos un maletín, un bastón, y un alto sombrero de copa. Es el médico que acude a atender una urgencia, acompañado del cura. Se pregunta quién será el malogrado vecino que se dispone a pasar a mejor vida. Los pasos se detienen en un portal cercano. Aullan los perros del vecindario. La señora se persigna. Mañana a primera hora conocerá la identidad del finado. Corre el año 1900… y Las Palmas es aún una ciudad antigua.