Un espectro tras la celosía

Corre el año 1900 y la ciudad de Las Palmas yace aún sumida en el letargo del siglo XIX. Es una urbe con aire de pueblo grande, y la electricidad es una promesa incumplida que aún no ha llegado a todos los hogares. En muchas casas, cuando el sol se pone, todavía es necesario encender una vela, y ni siquiera los faroles de sus calles logran despojarla de su aspecto de ciudad desierta. Sus habitantes han crecido con las historias de brujas y aparecidos que les contaron sus abuelas, y evitan a toda costa transitarla de noche. Quién sabe qué peligro les acecha en las sombras. Unos pasos resuenan sobre la calle adoquinada y vacía. Tras la celosía se atisba la llama trémula de una lámpara de petróleo. Una espía vestida de luto observa la escena. Aparecen dos caballeros que caminan a toda prisa mientras murmuran. Sus siniestras siluetas se alargan al pasar bajo su ventana, y adivina en uno de ellos un maletín, un bastón, y un alto sombrero de copa. Es el médico que acude a atender una urgencia, acompañado del cura. Se pregunta quién será el malogrado vecino que se dispone a pasar a mejor vida. Los pasos se detienen en un portal cercano. Aullan los perros del vecindario. La señora se persigna. Mañana a primera hora conocerá la identidad del finado. Corre el año 1900… y Las Palmas es aún una ciudad antigua.

Ella emerge elegante de un bosque de ensueño y me mira ladeando la cabeza desde el otro lado del papel. Yo le devuelvo la mirada y observo su cuerpo en escorzo; el pie derecho ligeramente adelantando; la pamela, el vestido largo y el abanico plegado. Más de un siglo ha pasado pero ella cree que hoy sigue siendo 31 de octubre de 1911. Quedó atrapada en ese instante y mira con inocencia al objetivo de García, en su estudio de Foto Moderna, en Triana número 11. Ignora que el tiempo ha tratado de borrar su existencia. En vano, pues la escritura de su puño y letra la ha salvado del olvido. Se llamaba Adela, y dedicó su retrato a su buen amigo Rafael Doreste. Me pregunto si después de retratarse iría a lucirse a la Alameda.