El Candado y La Llave de Triana

En 1908, un ciudadano de Las Palmas que quisiera adquirir una tina para el baño, hules para pisos o mesas, o una buena navaja de barbero, no tenía más que acercarse a la ferretería de Andrés García Déniz, en el número 13 de Triana, al lado de Fotografía Moderna. Su establecimiento tenía por nombre El Candado, y uno de generoso tamaño decoraba el dintel de la entrada.

Si por el contrario lo que se deseaba era una báscula americana o una caja de acero para poner a buen recaudo el dinero, no tenía más que dar media vuelta y dirigirse a la ferretería de Alfredo Schamann, en el número 44 de Triana. Su ferretería se llamaba La Llave, y una de enormes dimensiones decoraba su preciosa fachada revestida en madera.

Dos ferreterías cuyos nombres y rótulos corpóreos de similares proporciones se complementaban a la perfección, e invitan a pensar que semejante coincidencia fuera el fruto de un acuerdo, pero no lo creo, porque eran competencia. 

Yo tengo mi propia teoría, y como tal, el lector debe tomarla con precaución.

Es probable que la guerra entre ambos comercios comenzara en 1903. Si revisamos los anuncios en el Diario de Las Palmas de ese año encontraremos a los dos rivales juntos, apenas separados por una gruesa línea de tinta. Si nos fijamos en el aviso de Schamann, intentaba llamar la atención anunciando «gran rebaja» de precios, estrategia que su competidor parecía no necesitar.

Precisar el origen de la ferretería El Candado es complicado, pero su primera aparición en la prensa la hace en 1901. La ferretería de Schamann es anterior, pues en la FEDAC se conserva una fotografía del exterior de su comercio tomada en 1892 por Miguel Brito Rodríguez que reproduzco a continuación.

Como verá en la fotografía no hay ni rastro de la llave. De hecho, la ferretería de Schamann no aparece con ese nombre hasta 1908. Vea este anuncio publicado en el Diario de Las Palmas con errata incluida:

¿A qué se debió ese cambio de nombre? Estoy convencido de que fue una estrategia de marketing. Una maniobra comercial para plantar cara al comercio que empezaba a hacerle sombra. Imagino a don Alfredo Schamann diciendo: «Don Andrés tiene el candado… ¡pero yo tengo la llave!».

La ferretería El Martillo, en el número 80 de la misma calle, jugaba en otra liga. Podríamos decir que había dado en el clavo al elegir el nombre.