El sello de don Francisco Bethencourt López

Ya saben que los artículos antiguos de escritorio me fascinan, sobre todo si tienen una historia detrás. Entre mis preferidos están los sellos, ya sea para tinta o para lacre, y algunos ya han sido protagonistas en mis artículos. 

Recordarán el del notario José Benitez Llarena, los de José Azofra del Campo, o el de Dolores Manrique de Lara y Massieu.

El que hoy les traigo es más sencillo en su factura, pero no por ello menos importante.

Se trata de un sello para lacre que perteneció a don Francisco Bethencourt López (1821-1890), capitán de milicias, concejal, alcalde y juez del pueblo de Teror, pero sobre todo uno de los comerciantes más importantes en la isla de Gran Canaria en la segunda mitad del siglo XIX.

En 1850 casó con doña Ángeles Montesdeoca Suárez, estableciendo su residencia y comercio en la villa mariana, en el número 7 de la calle Real de la Plaza, en cuya fachada hay una placa que le rinde homenaje.

Bajo la denominación “Francisco Bethecourt López e hijo”, se dedicó al comercio al por mayor, a la consignación de buques, a la representación de seguros, y a la exportación a Cuba de todo lo que producía la isla.

La crisis de la cochinilla de 1880 llevó a Bethencourt a la ruina. Falleció en 1890, con la pena de ver cómo había quebrado el comercio que con tanto esfuerzo había levantado.

Tuvo una sucursal en Triana, esquina con la calle Artillero, en un precioso edificio diseñado por don Manuel Ponce de León y que era conocido como la casa del ombligo.

En ese mismo lugar, en julio de 1887, don Roque Hidalgo López estableció una sucursal de su comercio. Así lo anunció El Diario de avisos:

Habrán comprobado en las fotografías que el sello no es un objeto demasiado llamativo. De hecho, pasaría desapercibido para cualquiera que no supiera quién se esconde detrás de sus iniciales. El haber pertenecido a don Francisco Bethencourt López lo convierte en una pieza clave de la historia del comercio en Gran Canaria en la segunda mitad del siglo XIX.