La calle Y

Como ya saben, despejar incógnitas consume mis horas libres, aunque no siempre consigo desvelar el secreto. Como buen investigador nunca me rindo, y un puñado de misterios favoritos reposa sobre mi secreter, a la espera de una nueva luz que me indique el camino.

El último desafío se presentó sin esperarlo, mientras paseaba distraído por una calle peatonal de Las Palmas de Gran Canaria. Aunque muy distraído no iba, porque lo que vi enseguida me hizo detener el paso. Escribir Retrografías me ha convertido en un especialista en localizar curiosidades que pasan desapercibidas, y no porque no estén a la vista de todos.

Como les decía, caminaba por una calle del Puerto, una sin encanto, de nombre Torres Quevedo, y una casa antigua de alto y bajo con seis vanos, en apariencia abandonada, llamó mi atención. Al escudriñar su fachada localicé algo extraño. Se trataba de un azulejo en blanco con una letra Y en azul. ¿Qué era aquello?

Enseguida recordé la Guía de la Ciudad de Las Palmas y de la isla de Gran Canaria de 1911 que conservo en mi archivo, y el quebradizo plano que contiene, obra de Rafael Enríquez Padrón y grabado por M. García, por el que he transitado tantas veces sin moverme de mi escritorio. Al llegar a casa lo primero que hice fue buscar la guía y con mucho cuidado desplegué el plano. Con ayuda de una lupa localicé la calle y el misterio se disolvió ante mis ojos.

A principios de 1900, la ciudad creció con tanta rapidez que apenas hubo tiempo para poner nombres a las calles. Identificar cada vía era una apremiante necesidad, y no se complicaron la vida, el abecedario fue la solución. Así en el plano encontramos multitud de nuevas calles en distintas zonas que fueron identificadas con letras.

Entre mis documentos conservo otro plano realizado por Benito Chías Carbó en 1914, que formaba parte del atlas España regional, tomo II. En el nomenclator que aparece al dorso veo que aún muchas calles seguían identificadas con letras.

La calle en cuestión, que hoy rinde homenaje a don Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), aparece identificada con la letra Y, y no fue al menos hasta 1936 cuando recibió el nombre de ese ingeniero de caminos, matemático e inventor, creador del dirigible Astra-Torres, del autómata ajedrecista y del primer mando a distancia.

Otro aspecto que llama mi atención es que la identificación no aparezca en su extremo, como suele hacerse, y creo que pudo deberse a que esas calles que se fueron trazando sobre el terreno no estaban del todo urbanizadas, existiendo muchos solares vacíos donde aún nadie había levantado su morada.

Este detalle puede apreciarse en ambos planos a los que hago referencia, donde aparecen zonas sombreadas sin edificar. No sé cuánto tiempo más permanecerá en pie esa vetusta casa. Parece que su oscuro destino ya está escrito, no así el de ese azulejo, que posiblemente sea el último de su especie. Quizá estemos a tiempo de conservarlo, pues forma parte de aquel improvisado callejero de Las Palmas de Gran Canaria, cuando muchas de nuestras calles aún no habían sido bautizadas.