La casa que unía Triana

Observe detenidamente esta fotografía tomada en torno a 1925. En ella aparecen tres caballeros que están siendo retratados por un cuarto hombre en una calle de Las Palmas de Gran Canaria ¿Pero en cuál?

Ya se lo digo yo. Están en la calle Malteses esquina con Cano. Puede que se le haga imposible reconocer el lugar por el caserón que se levanta imponente al fondo de la imagen. Le resultará más fácil situarse si le digo que esa casa ya no existe y que hoy su solar lo atraviesa la calle Losero, que se une con Malteses por un paso de peatones en el que, tanto el que escribe como usted, habremos esperado a que el semáforo cambie de color infinidad de veces.

Tal vez algún lector, por su edad, conserve en su retina tanto la casa como la calle Losero original, que en su trazado primitivo era una vía estrecha situada más al sur, y que comunicaba con Francisco Gourié por un lateral de ese edificio que vemos al fondo de la imagen. Una configuración muy distinta la que hoy ofrece ese tramo de la calle Triana y que los más jóvenes, entre los que me incluyo, posiblemente creen que siempre fue así.

Pues bien, la casa en cuestión, que ostentaba el número 32 de gobierno, fue derribada el otro día. La tiraron en 1986, junto a los dos inmuebles más cercanos para corregir una panza que tenía Triana en ese punto y que ya aparecía en el plano de Las Palmas que trazó el ingeniero italiano Leonardo Torriani en el lejano año de 1590.

Para ver en todo su esplendor el precioso edificio desaparecido rescataremos dos fotografías de la FEDAC, realizadas a finales del siglo XIX por el fotógrafo palmero Miguel Brito Rodríguez.

En la fotografía aparecen los tres edificios derribados, destacando en el centro el enorme caserón que veíamos al principio de este artículo al fondo de la calle. Si nos fijamos bien, veremos en el margen derecho la discreta entrada al callejón de Losero, hoy movido de sitio y convertido en una transitada calle de catorce metros de ancho.

En mayo de 1892, cuando fue tomada esta fotografía, ocupaba el inmueble una casa de comercio. Uno de los toldos recogidos permite ver el brillo de la quincallería tras los vidrios de uno de los escaparates.

¿Se imaginan poder retroceder a aquella época y traspasar el umbral de este establecimiento? Es posible gracias a la fotografía que Brito tomó en su interior, y que la FEDAC ofrece en alta resolución para deleite de los que nos gusta curiosear en las vitrinas de los viejos comercios de nuestra querida ciudad.

Cuando se disponga a cruzar el paso de cebra que separa Triana, mire a su derecha y trate de imaginar el vetusto caserón que se levantaba allí no hace tanto. Una casa más que perdimos, y que unía Triana.