La ferretería El Martillo de Triana

Curioseando en la miscelánea de viejos papeles que guardo en mi archivo, encontré una factura fechada en 1909 de El Martillo, una conocidísima ferretería ubicada en aquel momento en el número 80 de la calle Triana.

Desgraciadamente, tanto el comercio como el edificio han desaparecido. Pero por suerte, la FEDAC custodia una interesante fotografía realizada por Fernando Baena en los años cuarenta en la que podemos rememorar su fachada, resaltada en sepia por el que escribe, en la que se vislumbra el rótulo con la silueta de la herramienta que daba nombre al establecimiento y que aparece también en el membrete del documento.

La factura apareció doblada en cuatro en el bolsillo de una raída chaqueta. La prenda la encontré mientras inspeccionaba el contenido de un carcomido baúl mundo que había permanecido aletargado los últimos cien años en el sótano de una casa señorial de Vegueta. Pero no había solo una chaqueta. El baúl contenía prensa, correspondencia, libros, papeles varios y una funda de escopeta vacía, además de un fuerte olor a humedad. Lo que pude salvar reposa hoy en mis cajones y estantes, y con el tiempo se convertirán en artículos para este blog. El resto fue a parar a la basura para no poner en peligro mi secreter y mi biblioteca.

Pero volvamos a la factura y analicémosla. Llama la atención el membrete, donde además del anagrama y la dirección del comercio, leemos que estaba especializado en pinturas, barnices y artículos para la pesca. Y no podemos obviar la preciosa caligrafía a plumilla, que revela que fue escrita el 1 de marzo de 1909.

Ese día, acudió d. Francisco Manrique de Lara al mostrador de El Martillo y se llevó medio litro de aguarrás, un paquete de papel secante y una vara y media de hule. A saber qué reparación estaría haciendo en su caserón de la calle Castillo. Ramos y Valido, propietarios de El Martillo, recibieron por los artículos 9,15 Ptas, y para que así constara firmaron y sellaron el papelito. No he podido determinar si se trata de Francisco Manrique de Lara y Manrique de Lara, alcalde de Las Palmas entre 1891 y 1893, o de su hijo, Francisco Manrique de Lara y Massieu. En cualquier caso, uno de los dos llevó puesta la chaqueta, y por alguna razón no se la puso más y acabó olvidada en el baúl junto al documento.  Han tenido que pasar más de un siglo para que este papel, a priori insignificante, se convierta en una interesante pieza de la historia de nuestra querida ciudad.