La otra fotografía de Ojeda

A final de mes el Puerto de la Luz cumplirá 138 años. Fue al mediodía, un 26 de febrero del año 1883, cuando se puso la primera piedra del entonces denominado puerto de Refugio de la Luz. Un proyecto desarrollado en 1881 por el ingeniero Juan León y Castillo y aprobado el 3 de marzo de 1882, y que contó con el impulso de su hermano Fernando León y Castillo

La construcción del muelle salió a subasta y su ejecución fue adjudicada a la compañía inglesa Swanston, con un presupuesto de 8.639.675 pesetas. Para celebrarlo, la casa contratista organizó un acto de gran solemnidad, con lunch incluido. A él asistieron las autoridades, el cuerpo consular, presidentes de corporaciones y sociedades, comerciantes, prensa periódica y personas distinguidas. 

El fotógrafo Luis Ojeda Pérez fue el encargado de inmortalizar el evento y la fotografía es de sobra conocida, con esa llamativa pancarta que reza “God bless our work”, y que sale a relucir siempre que se escribe sobre el hecho en cuestión, incluso ha presidido alguna que otra exposición. 

Pero Ojeda no tomó una única fotografía, existe otra, y se encuentra sin identificar en los fondos fotográficos de El Museo Canario. Como el propio museo indica en la ficha, se trata de una placa negativa de vidrio de gelatina seca, y tal vez por datarla erróneamente en el periodo 1900-1910 ha pasado desapercibida.

El Museo Canario

El que escribe la identificó en 2018. En aquel entonces solicité una copia en alta resolución y tras compararla con la ya conocida confirmé que se trataba de una fotografía tomada el mismo día.

Mirándola más en detalle me di cuenta de que las personas eran las mismas, solo que cambiadas de sitio, con la excepción de algunas que aparecen en una y no en otra debido a que se tomaron en momentos diferentes.

En ambas escenas están los sillones de mimbre, con las iniciales C. I. C. en el frente. El paisaje que hay detrás del grupo despista porque es distinto, pero es debido a que Ojeda situó su cámara en un punto diferente.

La colocación de aquella primera piedra no era más que el preludio de todo lo bueno que venía. Las Palmas de Gran Canaria se fue convirtiendo en una próspera ciudad comercial, y ese nuevo puerto supondría la llegada del progreso.

Pronto llegaron los adelantos que disfrutaban las grandes capitales. En ese mismo año de 1883 llegó el cable telegráfico. En 1890 el tranvía a vapor. Al año siguiente las primeras cien líneas de teléfono, y en 1899 el alumbrado eléctrico. 

Creo que no exagero al afirmar que la fotografía que tomó Ojeda el 26 de febrero de 1883, con la característica pancarta rotulada en inglés, es la más importante en la historia de Gran Canaria. A partir de ahora ya no estará sola.