La West African House, de Rodrigues Brothers

Hace un siglo, la calle León y Castillo, desde la Plaza de la Feria hasta su final más allá de Los Arenales, se conocía como Paseo de las Victorias. Tan evocador nombre no duraría mucho, pues a mediados de la década de los veinte fue sustituido por el nombre de Federico León, y más tarde desapareció para convertirse en una continuación de León y Castillo. 

Para que el lector se sitúe, hablamos del tramo que une dicha calle con el Parque de Santa Catalina. Aquí, en el número 22 del Paseo de las Victorias, hoy León y Castillo esquina con Franchy Roca, y frente a los almacenes de madera de Elder Dempster, existió un comercio llamado West African House, en un  precioso edificio de tres alturas ya desaparecido de color rojo con remates en blanco, como atestigua la fotografía coloreada que ilustra este artículo, en la que además se aprecian los raíles del tranvía.

La West African House, establecida en Las Palmas en el año 1900 y regentada por los hermanos Rodrigues, era una casa de comercio especializada en muebles de mimbre bonitos y elegantes, productos de gran demanda en un clima como el de Gran Canaria, y elemento imprescindible en todo jardín que se precie. Es posible que sus propietarios fueran de origen portugués, pues el apellido Rodrigues es la adaptación a la lengua lusa del patronímico español Rodríguez, y en Madeira, concretamente en Camacha, existe una industria del mimbre que se remonta a mediados del siglo XIX.

Al comercio de los hermanos Rodrigues no solo acudían particulares, canarios o ingleses, en busca de una simple canastilla, una cuna, o un cesto. Entre sus clientes estarían también los hoteles, e incluso las navieras, que vestían las cubiertas de sus barcos con cómodos sillones y sofás para que sus pasajeros disfrutaran de la travesía si el tiempo acompañaba. Pero no solo vendían mimbre, también muebles de caoba y un amplio surtido de arcas de caudales contra incendios.

La West African House era el rey del mimbre en Las Palmas a principios de mil novecientos, y tan convencidos estaban de ello que decían en su publicidad: «No comprar en ningún sitio antes de visitar esta casa».