Los antiguías turísticos de Las Palmas de Gran Canaria

Vengo de dar un paseo por Vegueta y estoy indignado. Lo primero que he hecho es encender el ordenador dispuesto a desenfundar mi pluma para insertarla en el costado del gremio de guías turísticos que recorren el casco antiguo de Las Palmas de Gran Canaria, seguidos de un desaprensivo grupo de turistas nacionales que gastan las suelas de sus zapatos dispuestos a conocer nuestra historia y los lugares más destacados.

Advierto al lector que es posible que pierda las formas, pues llevo tiempo observando a estos guías y escuchando algunas perlas que voy a vomitar en este artículo, y digan ustedes si no es para cabrearse. Evidentemente no son todos los guías, pues yo mismo asistí a una visita guiada en las Casas Consistoriales y la persona que conducía el grupo tenía conocimientos de sobra para dejar una excelente impronta en todos los asistentes, compartiendo sus conocimientos sobre el edificio y todo lo que contiene.

Pero debe ser una excepción, porque esas perlas que he mencionado han salido de la boca de distintas personas. Vamos al lío. En una ocasión, tropecé con un guía y su grupo en la Plaza de las Ranas. La curiosidad me hizo detener el paso y escuchar lo que decía. Pensé que iba a hablar de los quioscos modernistas que se caen a pedazos, del antiguo hotel Monopol, de la escultura en homenaje a Hurtado de Mendoza, de la peluquería La Favorita de finales del siglo XIX, de la botica de Bojart… ¡qué sé yo! Pues no, cuando todos le prestaban atención señaló al asadero de pollos de la esquina y dijo que a los canarios nos gusta mucho las papas y el pollo asado, como si fuera la base de nuestra dieta. 

En otra ocasión, en la calle Obispo Codina, otro guía se detuvo frente a una tienda de camisetas con frases del estilo “se me fue el baifo” y cosas así, invitando al grupo de turistas a leer las frases y a comprar una camiseta, diciendo que así hablábamos los canarios.

En la misma calle, otro día, otro guía y otro grupo parados frente a la tienda de souvenirs. A través del pequeño altavoz que llevan algunos oí cómo les decía que aquella pegatina con un perro adornaba todos los maleteros de los coches canarios. Hoy, en el mismo lugar, otro guía distinto, señaló al enorme cuchillo canario que tienen en la entrada y dijo que aquí se llamaba naife por los piratas ingleses, ¿en serio?, y que los chinos los vendían.

Pero ahí no quedó la cosa, dio media vuelta diciendo que detrás de aquel muro (se refería al coro de la catedral, obra de Luján Pérez, y rescatado por don José Miguel Alzola) se encontraban los jardines del obispado pero que no se podían visitar, y que lo más interesante eran esas esculturas que hay ahí. ¡Ah! el Museo Canario también alcanzó, refiriéndose a él como el museo de las calaveras. Díganme ustedes si no es para salir con antorchas a la calle.

Y digo yo, el Patronato de Turismo de Gran Canaria para dónde está mirando. Qué formación se precisa para salir a la calle dispuestos a largar estas perlas del romanticismo ruso a esos turistas que vienen a conocer la ciudad, a dejar su dinero, y se van pensando que nuestra dieta está basada en papas y pollo.

El casco antiguo de Las Palmas de Gran Canaria es un lugar sagrado rebosante de historia, y el turismo que viene debe conocerla. Los guías son el enlace perfecto, pero deben ser profesionales. Al Cabildo de Gran Canaria, o a quien corresponda, fijen su mirada en el gremio de guías, hay verdaderos ignorantes de lo nuestro y están haciendo mucho daño. Filtren, el turismo y los ciudadanos merecemos un respeto. Invito a los aludidos a dejar sus comentarios y a quedarse con el culo al aire. Salud.