Sable y luto

Hoy les ofrezco una fotografía inédita del célebre fotógrafo Luis Ojeda Pérez, tomada en su estudio del nº 40 de la calle San Francisco en torno al año 1900, y adquirida por el que escribe en un mercadillo de Las Palmas.

En la imagen vemos a un caballero vestido de militar con un precioso sable en la cintura, y a una mujer vestida de luto sentada junto a él con una niña en el regazo. Tanto el militar como la dama dirigen su mirada a un punto fuera de cámara. La niña, en cambio, fija la vista en el objetivo. Los sujetos retratados reposan sobre una alfombra con motivos geométricos, y detrás de ellos hay un lienzo en el que puede verse, tras una valla también pintada, una escena campestre.

Encontramos en la imagen algunas zonas desenfocadas que podrían deberse a una aberración fruto de la primitiva lente. Véase este efecto en los pies del militar y en el macetero que aparece a su derecha. Sucede lo mismo en el otro extremo, a la izquierda de la mujer. La cara de la niña aparece ligeramente movida, debido a su naturaleza inquieta. Retratar a niños en el pasado era una tarea realmente complicada debido a los largos tiempos de exposición. Sin embargo, Ojeda consiguió hacer una excelente fotografía en este caso. El papel fotográfico está pegado sobre un cartón con el membrete del fotógrafo.

Hasta aquí un breve análisis del artefacto. ¿Pero quiénes eran los retratados? Por suerte, alguien tuvo la delicadeza de anotar en el reverso sus identidades. Démosle la vuelta.

En esta cara destaca el precioso diseño en dorado con el nombre y la dirección del fotógrafo, y sobre él, escrito a plumilla, lo más interesante: “nº 6. Mi tía Lola González de León con la hija mayor Leocadia Samper González y el marido de mi tía César Samper González (médico)”.

Sobre el apuesto caballero que posa para pasar a la posteridad he averiguado algunas cosas. Residió en Santa Brígida y era médico militar. En los primeros años de milnovecientos ejerció la medicina en Arrecife de Lanzarote, hasta que en 1913 fue ascendido a director médico, lo que le supuso una gratificación de cinco pesetas diarias. Falleció el 15 de abril de 1923. Poco antes había perdido a su mujer y a sus dos hijos. 

No habríamos averiguado nada de esto si no llega a ser por una sobrina del médico, de la que no sabemos nada, que conservó la fotografía y tuvo el acierto de escribir con mano temblorosa sus nombres en un intento de salvaguardar su memoria. Queda claro que lo consiguió.