Tesoros del vapor Alfonso XII

El vapor correo Alfonso XII, hundido en la temida baja de Gando el 13 de febrero de 1885, reposa silente a merced de las corrientes submarinas a 53 metros de profundidad. Los huesos de David Tester, el valiente buzo inglés que perdió la vida intentando recuperar la décima y última caja del tesoro del rasgado vientre del vapor, descansan en el cementerio inglés de Las Palmas, bajo metro y medio de oscuridad. Así recogía su muerte la prensa en abril de 1887:

Buzo y barco yacen ajenos a los ríos de tinta que durante más de un siglo no han hecho más que forjar una leyenda que aún hoy sigue vigente, y que cuenta que entre los restos del lujoso vapor yace enterrada una caja con oro español. La décima caja, la única que no se rescató. Una leyenda fantástica.

En Gran Canaria hay algunos buceadores que poseen monedas de oro del Alfonso XII. Es el premio a una complicada inmersión que conlleva largas paradas de descompresión, debido a la profundidad a la que se encuentra el pecio. Pero no hace falta descender a 29 brazas para encontrar objetos relacionados con el malogrado vapor.

El que escribe ha tenido la suerte de localizar dos artefactos en tierra firme. El primero encabeza este artículo. Se trata de una frágil pipa de arcilla rescatada del Alfonso XII. La pipa presenta una marca que seguramente identifica al fabricante, pero ilegible por haber permanecido tanto tiempo bajo el mar. No es difícil imaginar a un caballero en cubierta fumando en ella, minutos antes del desastre.

El segundo es aún más interesante. Lo encontré mientras «buceaba» en los restos de una antigua imprenta en el casco antiguo de esta ciudad. El dueño vendía hasta el polvo del almacén, pero a mí solo me interesó la carcomida cajonera donde se guardaban los tipos de impresión. Tras inspeccionarla me di cuenta de que el mueble no servía para nada, la carcoma lo había llevado a un punto sin retorno.

Respecto al contenido, para mi sorpresa alguien ya se lo había llevado todo, dejando solo cajones vacíos. En el suelo, frente al mueble, encontré un tampón de madera con la silueta de un vapor grabado en metal. Llegué a la conclusión de que se le habría caído al que arrasó con los tipos.

Le quité el polvo con el bajo de mi camiseta y apareció la brillante silueta de un esbelto navío propulsado a vela y a vapor, que si se fijan fue realizado usando como modelo el grabado que decora la caja que contiene la pipa. El taco de madera tenía en el reverso una etiqueta en la que aún podía leerse: «Alfonso XII».

Este tipo de tampones, con siluetas de veleros y vapores, fueron muy comunes en la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX para anunciar singladuras. Desconozco en qué periódico se utilizó este en concreto, o si se desechó cuando se produjo el hundimiento. He mirado mucha prensa de la época y hasta el momento no me lo he encontrado. Tampoco sé si se grabó en Las Palmas o vino de fuera. Lo cierto es que a pesar de su reducido tamaño presenta un alto nivel de detalle. Con una lente de aumento puede incluso verse un pequeño velero en un plano más alejado, cerca de la popa.

Pequeños artefactos relacionados con el Alfonso XII que contribuyen a mantener viva la leyenda del tesoro, y que me hacen pensar, ¿qué ocurrió con la última caja? ¿permanece a 53 metros de profundidad? El naufragio seguirá provocando ríos de tinta, sin duda, más de cien años después.