Un espectro tras la celosía

Un espectro tras la celosía

Corre el año 1900 y la ciudad de Las Palmas yace aún sumida en el letargo del siglo XIX. Es una urbe con aire de pueblo grande, y la electricidad es una promesa incumplida que aún no ha llegado a todos los hogares. En muchas casas, cuando el sol se pone, todavía es necesario encender una vela, y ni siquiera los faroles de sus calles logran despojarla de su aspecto de ciudad desierta. Sus habitantes han crecido con las historias de brujas y aparecidos que les contaron sus abuelas, y evitan a toda costa transitarla de noche. Quién sabe qué peligro les acecha en las sombras. Unos pasos resuenan sobre la calle adoquinada y vacía. Tras la celosía se atisba la llama trémula de una lámpara de petróleo. Una espía vestida de luto observa la escena. Aparecen dos caballeros que caminan a toda prisa mientras murmuran. Sus siniestras siluetas se alargan al pasar bajo su ventana, y adivina en uno de ellos un maletín, un bastón, y un alto sombrero de copa. Es el médico que acude a atender una urgencia, acompañado del cura. Se pregunta quién será el malogrado vecino que se dispone a pasar a mejor vida. Los pasos se detienen en un portal cercano. Aullan los perros del vecindario. La señora se persigna. Mañana a primera hora conocerá la identidad del finado. Corre el año 1900… y Las Palmas es aún una ciudad antigua.