Un viejo cuaderno de navegación

La búsqueda de libros raros y manuscritos olvidados es una tarea apasionante. Se requiere algo de suerte, y rastrear día sí y día también esos lugares donde en ocasiones aparecen piezas raras e interesantes. Pero no solo la fortuna debe estar de tu parte, es aún más importante el conocimiento, para saber identificar lo que tienes delante, y que a ojos de un profano no serían más que un montón de papeles viejos destinados a desvanecerse en la basura.

En lo que a manuscritos se refiere, todo me llama la atención, siempre y cuando un buen puñado de años haya amarilleado el papel y desdibujado su escritura. Fetiches de papel que devoro a golpe de lupa con la intención de rescatar historias pasadas, por muy pequeñas que sean.

En esa caza incansable de papeles olvidados he hallado de todo. En mi archivo abundan cartas, cuadernos de contabilidad, agendas, diarios personales… Pero los más difíciles de encontrar son los cuadernos de bitácora, y es  raro, teniendo en cuenta que vivo en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad de gran tradición portuaria.

En todos estos años solo he dado con dos cuadernos de bitácora, el primero de ellos fue un interesantísimo cuaderno datado en 1883 que perteneció al bergantín goleta Joven Antonio. El segundo, protagonista de este artículo, un diario de navegación que comienza el 12 de febrero de 1962, y que perteneció al alumno de náutica don Juan Dámaso Rodríguez.

En sus 300 páginas recoge los acontecimientos acaecidos entre la fecha de comienzo del diario y el 30 de marzo de 1965. Tres años de datos, recogidos en los puentes de tres navíos mercantes: el Manu, el Ebro, y el Duero. Singladuras que comienzan en Las Palmas de Gran Canaria y que llevan a puertos de nombres exóticos, como Etembre, Ekuko, Bone, o Cork. Otros más conocidos, como Valencia, Barcelona, Dunquerque, o Liverpool.

Datos meteorológicos y de posición, que invitan a seguir en el mapa la trayectoria de este marino en prácticas a través de sus notas, y a imaginar las tempestades y las calmas que avistaba desde el puente.

Hay muchas anotaciones curiosas. 

El 19 de abril de 1964, el Manu viajaba de Río Benito a Tenerife, y a las 18:30 horas apunta: “Nos cruzamos con un buque de guerra inglés que nos pregunta por morse, si necesitamos existencia y luego nos pregunta nombre y nacionalidad, le contestamos debidamente.”

El 10 de octubre de 1964, abordo del vapor Duero, recoge a las 8:39 horas: “Por causas del servicio prestado para dominar y trincar las mercancías sueltas, resulta lesionado con heridas leves el marinero preferente Pedro Bonilla Pérez, siendo atendido y rebajado de faena hasta nueva orden.”

El 21 de noviembre de 1964, en el mismo buque, anota a la 9:15 horas: “Se practicó un registro por los botes salvavidas y toldilla, por el primer oficial don Alejandro Larrinaga Bengoechea auxiliado por el por agregado don Juan Dámaso Rodríguez, encontrándose bajo la lona del bote nº 1 un paquete conteniendo 16 cartones de tabaco. Procediéndose a continuación la investigación para hallar los culpables de dicho acto”. A las 14:16 horas: “No pudiendo identificar a los culpables, hacemos que se arrojen los paquetes al mar, poniéndolo en conocimiento y llamando la atención a todos los tripulantes.”

Y esto es solo una muestra del contenido de este cuaderno de bitácora. Si bien no es muy antiguo, ganará valor histórico con el paso del tiempo, pues como ya dije, se trata de manuscritos muy escasos que rara vez aparecen, y que a mí me hacen sentir un marinero en tierra, siempre ávido de aventuras, más allá de ese horizonte que atisbo en mi ventana.